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El Tourmalet y la frase que fundó el mito de los Pirineos

Ilustración del Col du Tourmalet: silueta de montaña con la carretera ascendiendo en zigzag y un hito en la cima

El 27 de enero de 1910, un periodista francés bajaba a pie y de noche por la ladera de una montaña de los Pirineos que nadie en su sano juicio habría cruzado en invierno. Se llamaba Alphonse Steinès, trabajaba para el diario L’Auto y llevaba horas hundido en la nieve desde que su coche se quedó atascado. Cuando por fin apareció, aterido, siguiendo las luces del valle, hizo llegar a su jefe un mensaje que iba a cambiar el ciclismo para siempre: el puerto estaba cruzado y la carretera era perfectamente practicable. Era mentira. Y gracias a esa mentira existe el mito del Tourmalet.

El explorador que mintió a su director

En 1910 el Tour de Francia tenía siete años y un problema: se le estaba acabando la épica. Henri Desgrange, el director, había construido la carrera a base de kilómetros —etapas de más de trescientos, salidas de madrugada, corredores sin asistencia—, pero el público empezaba a acostumbrarse. Steinès, su ayudante y el verdadero cerebro aventurero de la redacción, tenía una idea que a Desgrange le parecía suicida: meter la carrera en la alta montaña de verdad.

Aquel invierno Steinès subió a reconocer el Tourmalet. El coche se detuvo ante un ventisquero, él siguió andando y terminó cayendo por un talud de nieve. Lo encontraron ya de noche, bajando a tientas hacia Barèges. El telegrama que envió después es una de las frases fundacionales del ciclismo: «Cruzado Tourmalet. Muy buena carretera. Perfectamente practicable». Conviene decirlo con honestidad: los historiadores que han revisado el episodio advierten de que buena parte del relato —incluida la existencia misma del telegrama, y hasta si fue telegrama o llamada— se fue puliendo con los años hasta convertirse en literatura. Lo que nadie discute es el resultado: Desgrange dijo que sí.

2.115 m Col du Tourmalet · Altos Pirineos Aspin Aubisque

21 de julio de 1910: la etapa imposible

La décima etapa de aquel Tour salió de Luchon y terminó en Bayona: 326 kilómetros en un solo día. Por el camino, cuatro puertos que hoy siguen dando miedo con doce velocidades y carretera asfaltada: Peyresourde, Aspin, Tourmalet y Aubisque. Los corredores de 1910 los afrontaron con bicicletas de un solo desarrollo —sin cambio: para variar la relación había que parar, sacar la rueda y darle la vuelta—, sobre pistas de tierra y grava, sin coches de equipo, sin avituallamiento organizado y con la obligación de repararse ellos mismos cualquier avería.

El primero en coronar el Tourmalet fue Octave Lapize, un parisino de 22 años que ya había ganado tres París-Roubaix consecutivas. La imagen que ha llegado hasta nosotros no es la de un escalador volando: es la de un hombre empujando la bicicleta a pie por la grava, hundido hasta los tobillos, durante buena parte de la subida. Ganó la etapa. Y ganó el Tour.

«¡Sois unos asesinos!»

La frase que fundó el mito no la dijo un poeta: la escupió un ciclista reventado. Al pasar junto a los organizadores que esperaban en la cima, Lapize gritó: «Vous êtes des assassins! Oui, des assassins!». Sois unos asesinos. Sí, unos asesinos.

¡Sois unos asesinos! ¡Sí, unos asesinos!

Octave Lapize a los organizadores del Tour, 21 de julio de 1910

Aquí está la letra pequeña que casi nadie cuenta, y que a nosotros nos parece la parte más interesante: la frase se dice del Tourmalet, pero lo más probable es que Lapize la gritara en la cima del Aubisque, el último puerto del día, donde le esperaban Steinès y el periodista y comisario Victor Breyer. Hay versiones que la sitúan en el Tourmalet, otras al final de la etapa; la mayoría de las fuentes históricas apuntan al Aubisque. El mito, como suele pasar, se mudó a la montaña con mejor nombre y allí se quedó.

Peyresourde Aspin Tourmalet Aubisque LUCHON BAYONA 326 km · 21 de julio de 1910 · una sola marcha La etapa que inventó la montaña

Por qué el Tourmalet se quedó con el mito

Con 2.115 metros, el Tourmalet no es el punto más alto que ha pisado el Tour, pero sí el que más veces ha visitado: es el puerto más frecuentado de la historia de la carrera, con cerca de un centenar de pasos desde aquel 1910. Su ventaja es geográfica y casi teatral: está en el centro exacto de los Pirineos franceses, tiene dos vertientes largas y duras —Luz-Saint-Sauveur al oeste, Sainte-Marie-de-Campan al este— y encadena de forma natural con Aspin, Hautacam o Luz Ardiden. Cuando un Tour quiere que los Pirineos duelan, pasa por ahí.

Desde 2001 existe además el Souvenir Jacques Goddet, un premio en metálico —5.000 euros desde 2003— para el primer corredor que corona el Tourmalet, en homenaje al segundo director de la carrera, cuyo monumento está en la cima. Es uno de esos detalles que explican bien cómo funciona el ciclismo: un puerto no se convierte en leyenda por su pendiente, sino por las capas de historia que se le van pegando encima.

El Gigante que vigila la cima

Si subes hoy al Tourmalet en verano te encontrarás con un ciclista de metal de tres metros de alto y 350 kilos, erguido sobre los pedales en pleno esfuerzo. Es Le Géant du Tourmalet, obra del escultor Jean-Bernard Métais, inaugurada el 26 de junio de 1999 con Bernard Hinault entre los padrinos. Todo el mundo lo llama «Octave», por Lapize.

Y hay un ritual precioso asociado a él: la escultura no vive todo el año en la cima. Cada primer sábado de junio se sube desde el valle en una fiesta popular, La montée du Géant, a la que se apuntan cientos de cicloturistas, y en otoño se retira antes de que llegue la nieve que casi mata a Steinès. El Tourmalet es probablemente el único puerto del mundo cuyo monumento hace la subida cada temporada, como un corredor más.

«Octave» 3 m · 350 kg · 1999 Sube cada junio

Lo que Steinès inventó aquel invierno no fue una carretera: fue la idea de que una carrera necesita un lugar donde el sufrimiento se vuelva visible. De ahí salieron los maillots de montaña, los apodos, los bidones que cambian de mano en la rampa y todos los objetos que después acaban en una vitrina contando la historia por su cuenta. Si te gusta rastrear esas piezas, echa un vistazo a nuestra colección: cada bidón subió su propio Tourmalet.

Llévate un trozo de esta historia

Los Pirineos no se pueden meter en una estantería, pero sus símbolos sí. Cuatro formas de tener el Tourmalet cerca:

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Sigue leyendo: El primer Tour de Francia (1903) y el periódico L’Auto.

Fuente: Wikipedia (Tour de Francia 1910, Octave Lapize, Alphonse Steinès, Souvenir Jacques Goddet, Le Géant du Tourmalet), Cyclist, Cycling Weekly, Freewheeling France, Podium Café y Département des Hautes-Pyrénées. Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.


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