En plena carrera, al pasar por la zona de avituallamiento, un brazo se alza al borde de la carretera con una bolsa de tela colgando de una larga asa. El ciclista la engancha sin apenas mirar, se la cruza al hombro, vacía su contenido en los bolsillos del maillot y… la deja caer al suelo. Esa bolsa es la musette, y tras su aspecto humilde se esconde un siglo de carreras: cada detalle de su diseño responde a un problema muy concreto del ciclismo.
Hecha para cogerla a toda velocidad
La musette es una bolsa de algodón ligera con un asa larga, pensada para una sola cosa: que el corredor pueda agarrarla en marcha y pasársela por encima de la cabeza hasta el hombro sin perder el equilibrio. El asa, deliberadamente larga, permite engancharla con el brazo extendido mientras se rueda a más de treinta por hora. Y la tela, blanda y sin esquinas rígidas, evita que un golpe accidental provoque una caída en pleno pelotón.
El gesto tiene su propia coreografía. El avituallador del equipo se coloca en un tramo señalizado, sostiene la musette en alto y casi inmóvil, y es el ciclista quien hace el trabajo: mete el brazo por el asa, deja que la bolsa resbale hasta el hombro y sigue pedaleando. Un intercambio de menos de un segundo que se entrena como cualquier otra parte de la carrera.
Qué lleva dentro
El contenido cambia según el momento de la etapa, pero suele ser una mezcla de energía rápida y comida sólida: barritas, geles, trozos de fruta, pequeños bocadillos —el clásico es el de mermelada— y, muchas veces, un bidón. El corredor lo reparte todo entre los tres bolsillos traseros del maillot en cuestión de segundos. Una vez vaciada, la tela ya no cumple ninguna función a bordo, así que se descarta para no cargar peso inútil.
De residuo a objeto de coleccionista
Y aquí ocurre la magia. Precisamente porque se tiran, las musettes se convirtieron en uno de los recuerdos más buscados a pie de carretera. Cada una luce los colores, el logotipo y el patrocinador de su equipo y de su temporada, lo que las convierte en pequeños documentos de época: basta ver una para datar el año y reconocer al equipo. Lo que para el corredor es un envoltorio desechable, para el aficionado es un trofeo que cazar al vuelo.
Un trozo de tela que el corredor desecha en segundos y que un aficionado guarda toda la vida.
Una bolsa con mucho pasado
El nombre viene del francés musette, el morral con el que soldados y campesinos llevaban su comida y que el ciclismo adoptó desde sus primeras décadas. Más de un siglo después, sigue siendo prácticamente igual: pocas piezas del deporte han cambiado tan poco, y esa continuidad es justo lo que la hace tan coleccionable. Junto a los bidones y las gorras, las musettes forman el corazón de cualquier colección ciclista, como la que va creciendo en nuestra colección, temporada a temporada y equipo a equipo.
Llévate un trozo de esta historia
Si la musette te ha despertado el gusanillo coleccionista, aquí van algunas ideas para llevar el espíritu del avituallamiento contigo:
- Musettes y bolsas de algodón de ciclismo — el morral de toda la vida, para el día a día o para la vitrina.
- Gorras de ciclismo de algodón — el complemento clásico del aficionado, dentro y fuera de la bici.
- Bidones de ciclismo — la otra mitad imprescindible de cualquier colección.
- Libros sobre la historia del ciclismo — para seguir tirando del hilo de estas anécdotas.
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Sigue leyendo: Por qué los ciclistas tiran los bidones (y la polémica de las multas).
Fuente: Wikipedia (“Musette (cycling)”) y archivos del ciclismo. Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.