Por qué los ciclistas tiran los bidones (y la polémica de las multas hoy)

Ilustración: bidón lanzado

Lo has visto mil veces: el ciclista agarra el bidón del cuadro, da un último trago largo y, sin apenas mirar, lo lanza a la cuneta. Es un gesto tan reconocible como el zumbido de un pelotón lanzado a sesenta por hora. Durante décadas no significó nada más que un corredor aligerando peso. Hoy, ese mismo movimiento puede acarrear una multa, una penalización de tiempo e incluso la descalificación. ¿Cómo hemos pasado del bidón como basura inofensiva al bidón como delito reglamentario? La historia es más rica de lo que parece.

Un gesto tan viejo como las carreteras

La razón original es pura física. Un bidón lleno pesa alrededor de 600 gramos, y cuando el corredor lleva dos sobre el cuadro carga más de un kilo de agua. En llano apenas se nota, pero al pie de un puerto de montaña cada gramo se convierte en enemigo. Por eso, justo antes de una subida decisiva, el pelotón se vacía de bidones medio llenos como quien suelta lastre. No es descuido: es estrategia.

El segundo motivo es logístico. En las zonas de avituallamiento los corredores reciben bidones frescos y musettes con comida, y se deshacen de los vacíos para hacer sitio. Tirar el bidón usado siempre fue, sencillamente, la forma más rápida de seguir rodando ligero. Durante un siglo nadie lo cuestionó.

Cada gramo cuenta cuando empieza la subida

Del corcho al plástico: una breve historia del bidón

El objeto que hoy se lanza con tanta soltura no siempre fue de plástico ligero. En las primeras décadas del ciclismo, los corredores bebían de cantimploras de aluminio forradas de fieltro o tapadas con corcho, sujetas casi siempre al manillar con abrazaderas metálicas. Eran pesadas, ruidosas y difíciles de manejar a toda velocidad, pero durante mucho tiempo fueron lo único disponible.

La revolución llegó con el bidón de plástico flexible que conocemos hoy, fácil de apretar con una mano y de devolver al portabidones sin frenar. Aquel cambio movió las botellas del manillar al cuadro y transformó la propia forma de avituallarse en carrera. Para quien colecciona estas piezas, cada bidón es una cápsula del tiempo: el logo de un patrocinador desaparecido, una tipografía de los años ochenta, el nombre de un equipo que ya no existe.

Corcho → Aluminio → Plástico

El bidón como regalo

Aquí está la parte bonita. Para millones de aficionados, un bidón lanzado por su ídolo no es basura: es un tesoro. Generaciones de niños han esperado horas al borde de la carretera con la esperanza de cazar al vuelo la botella que un campeón acababa de soltar. Ese bidón, muchas veces todavía con un dedo de agua dentro, terminaba en una estantería como la reliquia más preciada de la habitación.

Para el corredor es un gramo menos; para el niño de la cuneta, el recuerdo de toda una vida.

Esa doble vida del bidón — lastre para uno, joya para otro — es justo lo que convierte a estas piezas en objeto de colección. Y es también la razón por la que la siguiente parte de la historia levantó tanta polvareda.

2021: la UCI dice basta

El 1 de abril de 2021, la Unión Ciclista Internacional estrenó una normativa que cambió las reglas del juego. A partir de entonces, los corredores solo podían deshacerse de bidones y residuos en unas zonas de basura señalizadas, situadas cada 30 a 40 kilómetros de carrera. Fuera de esas áreas, la única opción permitida era entregar el bidón a un coche del equipo o de servicio neutro. Tirarlo a la cuneta pasó a estar sancionado.

Detrás de la medida había dos argumentos. El primero, la seguridad: Geraint Thomas llegó a caerse en el Giro de Italia tras resbalar sobre un bidón abandonado en el asfalto. El segundo, la imagen medioambiental de un deporte que recorre paisajes naturales y no quería seguir dejándolos sembrados de plástico. La intención era sensata, pero la aplicación encendió la polémica casi de inmediato.

♻ ♻ ♻ 30–40 km 30–40 km Zonas de basura señalizadas a lo largo del recorrido

El caso que lo hizo estallar todo tuvo nombre propio. El suizo Michael Schär fue descalificado del Tour de Flandes por dejar caer un bidón vacío junto a unos aficionados, fuera de zona. La sanción provocó la indignación de buena parte del pelotón, que recordó que regalar un bidón a un niño es una de las tradiciones más entrañables y accesibles del deporte. ¿De verdad había que tratar ese gesto como si fuera ensuciar?

Las multas hoy: ¿exageración o sentido común?

Ante la avalancha de críticas, la UCI suavizó las sanciones más duras y dejó de aplicar la descalificación automática a la primera infracción. El sistema actual en las carreras por etapas funciona de forma escalonada: la primera vez se castiga con una multa económica y una resta de puntos UCI; la segunda, con una penalización de tiempo; y solo la tercera con la descalificación. En las pruebas de un día las cosas siguen siendo más estrictas.

1.ª Multa 2.ª Tiempo 3.ª Descalificación

Hay un detalle que suele pasar desapercibido: el dinero recaudado con estas multas se destina íntegramente a financiar la estrategia medioambiental de la UCI. Es decir, el bidón mal tirado acaba pagando, en parte, la limpieza de las carreras. Visto así, la norma deja de parecer un capricho burocrático y se entiende mejor, aunque el debate sobre dónde está la frontera entre ensuciar y regalar un recuerdo sigue abierto.

Al final, el viejo gesto de tirar el bidón resume como pocos la tensión del ciclismo moderno: tradición frente a regulación, romanticismo frente a sostenibilidad. Y en medio de todo, ese pequeño objeto de plástico que para el corredor es lastre, para el aficionado es oro y para el coleccionista es historia pura. Si te apasionan estas piezas con alma, échale un vistazo a nuestra colección de bidones, musettes y gorras: cada una guarda su propia carrera dentro.

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Llévate un trozo de esta historia

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Fuente: Reglamento de la UCI y Cyclingnews. Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.


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