
En el pelotón, un buen mote pesa tanto como una victoria. Los periodistas de las décadas doradas del ciclismo no se conformaban con apellidos: bautizaban a los corredores con nombres que resumían su forma de correr, de mirar o de destrozar al rival en una rampa. Así nacieron el Caníbal, el Pirata y el Tejón, tres apodos que siguen circulando entre coleccionistas y aficionados como si sus dueños acabaran de bajar del podio. Cada uno cuenta una historia distinta sobre ambición, estilo y carácter — y todos empezaron, casi siempre, con una frase suelta de un cronista de carretera.
El Caníbal: Eddy Merckx y el hambre que no se sacia
El belga Eddy Merckx corrió como si cada carrera fuera la última que le permitieran ganar. Entre 1969 y 1974 se llevó cinco Tours de Francia (1969, 1970, 1971, 1972 y 1974), cinco Giros de Italia y una Vuelta a España, y acumuló, según distintas fuentes, más de 500 victorias profesionales —algunas cuentas detalladas lo sitúan en 525—. El apodo se lo puso la prensa francesa a finales de los años sesenta: Merckx no se limitaba a ganar la general, sino que arrasaba también la clasificación de la montaña, la de puntos y hasta las etapas que en teoría no le interesaban, sin dejar nada para nadie más. Un cronista lo resumió como quien «devora» carreras enteras, y el nombre —Le Cannibale, en francés— se quedó para siempre. Décadas después, cualquier corredor que domina de forma desproporcionada sigue recibiendo la comparación.
El Pirata: Marco Pantani y el vuelo hacia la leyenda
Marco Pantani no necesitaba hablar para que el pelotón supiera que atacaba: bastaba con verlo levantarse del sillín, con la cabeza rapada y la bandana ceñida, y salir disparado en la primera rampa de puerto. En 1998 firmó una de las temporadas más recordadas de la historia del ciclismo: ganó el Giro de Italia a principios de junio y, apenas seis días después, se vistió de amarillo en París al conquistar el Tour de Francia, convirtiéndose en el séptimo corredor en lograr el doblete Giro-Tour en la misma temporada. Nadie ha repetido esa hazaña desde entonces. El italiano tenía además un pendiente y una forma de atacar en solitario, audaz e imprevisible, que evocaba más a un abordaje que a una simple escapada —de ahí «Il Pirata»—. Su carrera se truncó de forma abrupta pocos años después, pero esas dos semanas de 1998 bastaron para convertirlo en una de las figuras más queridas y fotografiadas del pelotón.
El Tejón: Bernard Hinault y el territorio que no se cede
Bernard Hinault ganó cinco Tours de Francia —1978, 1979, 1981, 1982 y 1985— con un estilo que sus propios compañeros describían como imposible de negociar. En Francia lo llamaban Le Blaireau, el tejón, un animal que no huye ni cede su madriguera aunque el rival sea más grande. Hinault atacaba, contraatacaba y no toleraba tregua ni siquiera en jornadas tranquilas; en el Tour de 1984, sin ir más lejos, se bajó de la bicicleta para apartar de un puñetazo a un manifestante que había bloqueado la carretera. Su propio lema resume ese carácter mejor que cualquier crónica:
«Tant que je respire, j’attaque» — «Mientras respire, ataco».
Bernard Hinault
Esa frase, tan simple como su forma de correr, se sigue citando hoy como la definición perfecta del corredor combativo.
De dónde vienen estos motes: fauna, ambición y periodismo
Casi ningún gran apodo del ciclismo nació en un despacho de marketing: salió de la carretera, de la prensa que cubría las etapas día a día y necesitaba una imagen rápida para describir a un corredor. La fauna es un recurso constante —el Águila de Toledo para Federico Bahamontes, el Tejón para Hinault, el Pirata para Pantani— porque los animales resumen en una palabra un estilo de correr que llevaría un párrafo entero explicar. Otros motes apelan directamente a la ambición, como el Caníbal de Merckx. Con el tiempo, estos nombres se independizaron del corredor real y pasaron a formar parte del vocabulario común del aficionado, tan reconocibles como el propio nombre de pila —y, para el coleccionista, tan valiosos como cualquier maillot firmado.
En esta colección hay bidones, gorras y maillots que llevaron corredores con motes propios —algunos tan sonoros como los de Merckx, Pantani o Hinault—. Cada pieza guarda, además de sudor y polvo de carretera, un pedacito de esa mitología. Puedes ver todas las piezas en la colección.
Llévate un trozo de esta historia
Si estos tres apodos te han dejado con ganas de más, aquí van algunas ideas para seguir tirando del hilo:
- Biografías de Eddy Merckx
- Libros sobre Marco Pantani, «El Pirata»
- Libros sobre Bernard Hinault, «El Tejón»
- Maillots retro de ciclismo vintage
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Sigue leyendo: ¿Por qué se llama «pelotón»? La historia de una palabra.
Fuente: Wikipedia (Eddy Merckx, Bernard Hinault) y Cyclist.co.uk / Cyclingnews (doblete de Pantani, 1998). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.