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De la cantimplora de corcho al bidón moderno: la evolución de un icono

Ilustración: evolución del bidón

Coge cualquier bidón de tu colección, dale la vuelta y piensa un momento en todo lo que cabe en ese trozo de plástico: más de un siglo de ingenio, de ensayo y error, y de ciclistas buscando la forma de beber sin perder ni un segundo. El humilde bidón ha pasado del aluminio con tapón de corcho al polietileno exprimible y al tritán antichoques, y cada salto cuenta algo del ciclismo de su época. Acompáñanos en este viaje desde la cantimplora de nuestros bisabuelos hasta el bidón que hoy vuela por las cunetas.

Un siglo en tres materiales ~1919 Aluminio + corcho Años 50–70 Plástico exprimible Hoy Tritán y reciclados

Los pioneros: aluminio y tapón de corcho

La historia del bidón tal y como lo entendemos arranca poco después de la Primera Guerra Mundial. Por aquel entonces, los corredores empezaron a llevar botellas de aluminio cerradas con un tapón de corcho, herederas directas de las cantimploras militares y de las botellas de vino que algún pionero ataba al cuadro. Eran pesadas, abollables y nada cómodas de beber: había que destaparlas con los dientes o con la mano mientras se pedaleaba, una maniobra que hoy nos parecería temeraria.

Aun así, aquellos bidones de metal tienen un encanto enorme para el coleccionista. Sus formas redondeadas, los logotipos serigrafiados y el brillo del aluminio envejecido los convierten en auténticas joyas de anticuario, testigos de una época en la que el ciclismo era una aventura de carreteras de tierra y etapas interminables.

Dos bidones en el manillar

Si miras fotos de las grandes leyendas de los años 30, 40 y 50 —los tiempos de Coppi y Bartali— verás un detalle curioso: los bidones no iban en el cuadro, sino montados en parejas sobre el manillar, sujetos por unas jaulas de aluminio. Tenerlos arriba permitía alcanzarlos con un gesto rápido, pero subía el centro de gravedad y cargaba la dirección justo donde más fino hay que hilar.

El gran descenso: del manillar al cuadro Antes dos bidones arriba Después uno en el tubo diagonal →

El cambio llegó a mediados de los años 50, cuando los ciclistas descubrieron las ventajas de bajar los bidones al tubo diagonal y al tubo del asiento: la bici se volvía más estable, más manejable y más aerodinámica. Es la posición que seguimos usando hoy, casi setenta años después. Pocas decisiones de diseño en el ciclismo han envejecido tan bien.

El plástico que se aprieta lo cambia todo

Esa misma década trajo la otra gran revolución: el plástico. Los corredores se dieron cuenta de que un bidón blando se podía apretar para que el agua saliera sola, sin necesidad de inclinar la cabeza ni soltar el manillar. Beber dejó de ser una maniobra arriesgada para convertirse en un gesto de medio segundo. A partir de ahí, el bidón metálico quedó condenado: desapareció del pelotón profesional y se refugió, precisamente, en las vitrinas de los coleccionistas.

La magia del «squeeze» Aprietas, bebes y vuelves a la carrera en medio segundo

Años 70 y 80: el bidón se llena de color

Con el plástico ya asentado, entre los años 70 y 80 el bidón vivió su época dorada como soporte publicitario. El polietileno y el polipropileno permitían moldear cualquier forma y, sobre todo, imprimir cualquier color y logotipo. De repente, cada equipo tenía su bidón a juego con el maillot, y el botellín pasó de ser un simple recipiente a convertirse en un cromo rodante: un trozo de identidad de equipo que el aficionado podía llevarse a casa. Es justo el tipo de pieza que da sentido a una colección como esta.

Hoy: tritán, térmicos y un punto de conciencia

El bidón moderno sigue siendo, en esencia, aquel plástico exprimible de los años 50, pero afinado hasta el detalle. Los materiales estrella siguen siendo el polietileno y el polipropileno, que apenas alteran el sabor del agua y pesan muy poco; a ellos se ha sumado el tritán, un derivado plástico más rígido y resistente a las caídas y al calor. Hay bidones térmicos de doble pared, tapones autosellantes y, cada vez más, plásticos reciclados y libres de BPA, en sintonía con un ciclismo que mira con otros ojos a la basura de la cuneta.

El bidón del siglo XXI ligero térmico tritán

Del corcho que se mordía al plástico que se aprieta: la historia del bidón es la historia de los ciclistas peleando por beber sin perder ni un segundo.

Cada bidón, un capítulo

Visto así, ordenar bidones por orden cronológico es casi como hojear un manual de historia del ciclismo: el aluminio te habla de las carreteras heroicas de entreguerras, el primer plástico de la modernización de los años 50 y los colores chillones de la edad de oro del patrocinio. Cada pieza es un capítulo, y juntas cuentan cómo ha cambiado este deporte. Si quieres ver qué capítulos hemos reunido ya, date una vuelta por La Colección.

Llévate un trozo de esta historia

¿Te han entrado ganas de sumar tu propio capítulo a esta historia, o de cuidar como se merecen los bidones que ya tienes? Aquí van algunas ideas que encajan con la evolución de hoy:

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Sigue leyendo: Cómo datar un bidón de ciclismo vintage.

Fuente: «Icons of cycling: The bidon» (Cycling Weekly) y reportajes sobre la historia del bidón (Road Bike Rider, Bivo, QuéGrandeSerCiclista). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.


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