
El 29 de abril de 1935, cincuenta ciclistas se alinearon en Madrid para dar la vuelta a un país que casi no tenía carreteras. Por delante, 3.425 kilómetros repartidos en catorce etapas; al final, solo veintinueve seguían en carrera. Nadie habría apostado un duro por aquella aventura: la organizaba la redacción de un periódico, llegaba con treinta y dos años de retraso respecto al Tour y veintiséis respecto al Giro, y en las dos décadas siguientes se iba a suspender casi tantas veces como se iba a disputar. Hoy es una de las tres grandes vueltas del mundo. Y la historia de cómo llegó hasta aquí es, sobre todo, la historia de una carrera que tuvo que aprender a no parecerse a sus hermanas mayores.
Un periódico, cincuenta valientes y ninguna carretera
La receta no era original y nadie fingió que lo fuera. El Tour de Francia lo había inventado el diario L’Auto en 1903 para vender ejemplares; el Giro nació en 1909 de la mano de La Gazzetta dello Sport. Cuando el periódico madrileño Informaciones decidió en 1935 montar su propia ronda por etapas, estaba copiando un modelo de negocio que llevaba tres décadas funcionando en Europa: una carrera que dura semanas es una historia que se cuenta cada día, y una historia que se cuenta cada día son periódicos que se venden cada día.
De los cincuenta que tomaron la salida, treinta y dos eran españoles. Ganó un belga: Gustaaf Deloor, que se puso líder en la tercera etapa con nueve minutos de ventaja y ya no soltó la carrera, con una media de 27,204 kilómetros por hora sobre firmes que en muchos tramos eran polvo y grava. El mejor español fue Mariano Cañardo, segundo. Aquella primera Vuelta salió y terminó en Madrid, y dejó una lección que se repetiría durante décadas: la carrera se inventaba en España, pero se la llevaban los de fuera.
La carrera que desaparecía
Aquí está la diferencia real con el Tour y el Giro, y explica casi todo lo demás. Las hermanas mayores se interrumpieron por las dos guerras mundiales y punto. La Vuelta se cayó del calendario cuatro veces distintas: entre 1937 y 1940 por la Guerra Civil, entre 1943 y 1944 por la Segunda Guerra Mundial, en 1949 y otra vez entre 1951 y 1954, estas dos últimas por pura falta de dinero.
Hagamos la cuenta, porque impresiona: entre 1935 y 1955 hay veintiún años y solo diez ediciones. Menos de una de cada dos. Durante veinte años, la Vuelta fue una carrera que existía a ratos, sin continuidad, sin palmarés que defender y sin nadie fuera de España que la tuviera apuntada en la agenda. La normalidad no llegó hasta 1955, cuando el diario bilbaíno El Correo Español-El Pueblo Vasco se hizo cargo de la organización y la carrera empezó por fin a celebrarse todos los años.
Del naranja al rojo: setenta y cinco años buscando un color
Si una gran vuelta se reconoce por su maillot, la Vuelta tardó tres cuartos de siglo en saber quién era. El primer jersey de líder, en 1935, fue naranja. Después vino el amarillo, que se quedó décadas, y ahí estaba el problema: el amarillo ya tenía dueño y estaba en Francia. Vestir de amarillo al líder de la ronda española era colocarse voluntariamente en el papel de imitación.
En 1999, Unipublic intentó la fuga hacia arriba con el jersey oro, una versión dorada del mismo maillot que quería sonar a metal precioso y no a copia. Duró once ediciones y nunca terminó de cuajar. La solución definitiva llegó en 2010 y no vino del ciclismo: vino del fútbol. Con España encadenando títulos con la selección, la organización decidió vestir a su líder del mismo color que el país entero asociaba ya a ganar. El diseño se encargó al modisto catalán Custo Dalmau y el primero en ponérselo fue Mark Cavendish, después de que su equipo se llevara la contrarreloj inicial en Sevilla. Desde entonces, el rojo es lo único de la Vuelta que no se parece a nada.
Durante setenta y cinco años, el líder de la Vuelta fue de un color prestado. Encontrar el suyo le costó más que encontrar campeones.
1995: la mudanza que lo cambió todo
El otro gran acierto fue una decisión de calendario, que suena a asunto de burócratas y fue lo que salvó la carrera. Hasta 1994, la Vuelta se corría en abril y mayo, apenas unas semanas antes del Giro y a dos meses del Tour. En ese hueco no cabía nadie. Los esprínters y los clasicómanos venían de un bloque durísimo de clásicas y necesitaban descansar; los grandes vueltómanos reservaban las piernas para Italia y, sobre todo, para Francia. La Vuelta se quedaba con lo que sobraba.
El salto a septiembre lo empujaron a la vez la Unión Ciclista Internacional y la propia organización, que llevaba tiempo dándole vueltas. Y funcionó de inmediato, porque cambió el papel de la carrera en la temporada: dejó de competir por las piernas de nadie y se convirtió en el último tren. El que había fracasado en el Tour venía a España a salvar el año; el que llegaba fresco, a demostrar que valía. Una fecha propia le dio a la Vuelta algo que veinte años de suspensiones le habían negado: un sitio.
El Angliru, o cómo inventarse una identidad a martillazos
Con la fecha resuelta faltaba el carácter. Si el Tour era la épica y el Giro la belleza, ¿qué era la Vuelta? La respuesta llegó en 1999 con una carretera asturiana estrecha y absurda que la organización decidió meter en el recorrido: el Angliru. Ese día, entre niebla cerrada, José María Jiménez, el Chava, se convirtió en el primer ciclista que lo ganó en carrera, batiendo a Pavel Tonkov en la misma línea de meta.
La zona que lo cambió todo se llama Cueña les Cabres y tiene rampas que llegan al 23 %. Allí, aquel primer día, se descolgó incluso Roberto Heras. Un desnivel así no se sube, se sobrevive: obliga a montar desarrollos de cicloturista, revienta las clasificaciones en cuestión de metros y convierte a los coches de equipo en un estorbo. Fue polémico desde el minuto uno y sigue siéndolo. Pero fue exactamente lo que la Vuelta necesitaba. Desde entonces la ronda española no compite en tradición, que la tiene toda perdida, sino en dureza: puertos imposibles, finales en alto encadenados y recorridos que se deciden en la última semana.
El hombre récord y la carrera de hoy
El corredor que mejor resume esta carrera es Roberto Heras, y no solo por lo que hizo sobre la bici. Ganó en 2000, 2003, 2004 y 2005, pero en la penúltima etapa de aquella cuarta Vuelta dio positivo por EPO y el título pasó al ruso Denís Ménchov. Heras se fue a los tribunales ordinarios, ganó en la justicia española en junio de 2011 y vio confirmada la sentencia en el Tribunal Supremo en diciembre de 2012, que además ordenó indemnizarle con 724.904 euros. Su cuarta Vuelta volvió al palmarés por vía judicial. Muy propio de una carrera que siempre ha tenido que pelearse su sitio. Desde 2024, Primož Roglič comparte con él ese techo de cuatro victorias, con las suyas de 2019, 2020, 2021 y 2024.
La foto de hoy no puede estar más lejos de la de 1935. La edición de 2026, la número 81, arrancó el 22 de agosto en Mónaco y termina el 13 de septiembre en Granada, con 3.275 kilómetros y una lista de puertos que asusta leerla. Aquella carrera que se suspendía porque no había dinero ahora sale del extranjero, la persiguen las televisiones y la corren los mejores del mundo. La hermana pequeña sigue siéndolo en años y en presupuesto, pero hace mucho que dejó de pedir permiso.
Todo eso deja rastro material, que es lo que a nosotros nos interesa. Los bidones de los equipos que solo existieron una temporada, las gorras de los años en que el líder iba de amarillo, los dorsales de las ediciones que se corrieron a duras penas. En nuestra colección hay piezas de esa Vuelta intermitente y modesta, y son justamente las que más cuesta encontrar: de una carrera que no se celebraba, tampoco quedaban recuerdos.
Llévate un trozo de esta historia
Noventa años de ronda española dan para llenar una estantería y una vitrina. Por aquí se empieza.
- Libros sobre la historia de la Vuelta — la mejor forma de saber qué se corrió cada año y por qué muchos años no se corrió nada.
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Sigue leyendo: La maglia rosa del Giro y La Gazzetta dello Sport: la camiseta que copió a un periódico.
Fuente: Wikipedia y BikeRaceInfo (datos de la edición de 1935: fechas, etapas, kilometraje, participantes y media de Gustaaf Deloor); Wikipedia y Cofidis Likes Ciclismo (años en que la carrera no se disputó y traspaso de la organización a El Correo Español-El Pueblo Vasco en 1955); eldiario.es, Volata Magazine y esciclismo.com (evolución del maillot de líder, del naranja al rojo de 2010 diseñado por Custo Dalmau); Eurosport (el cambio de fecha de 1995 y sus motivos); Mister Dato y Eurosport (estreno del Angliru en 1999 y Cueña les Cabres); El Debate y Wikipedia (las cuatro Vueltas de Roberto Heras y las sentencias de 2011 y 2012); esciclismo.com y Ciclo21 (recorrido de la Vuelta 2026). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.