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Milán-San Remo: la clásica más larga y la más imprevisible

Ilustración: perfil llano de la Milán-San Remo con el repecho final

Hay carreras que se ganan a lo largo de siete horas y hay una que se pasa siete horas sin decidir nada para resolverse en nueve minutos. La Milán-San Remo es casi trescientos kilómetros de llano, mar y aburrimiento aparente, y luego una colina de cuatro kilómetros que no asustaría a un cicloturista dominguero. Ese es exactamente el motivo por el que nadie sabe nunca quién va a ganarla: es la más fácil de terminar y la más difícil de acertar.

Otra vez un periódico detrás de todo

La idea venía de la Unione Sportiva Sanremese, que en abril de 1906 organizó una prueba amateur entre Milán y San Remo partida en dos etapas —Milán-Acqui Terme y Acqui Terme-San Remo— y que pasó sin pena ni gloria. El que vio el potencial fue Tullo Morgagni, un periodista milanés que el año anterior se había sacado de la manga el Giro de Lombardía. Su propuesta era más radical: profesionales, la misma distancia, un solo día. Se la llevó a Eugenio Costamagna, director de La Gazzetta dello Sport, y el periódico se quedó con la organización.

El 14 de abril de 1907, a las cinco de la mañana, sesenta inscritos debían salir de la hostería Conca Fallata de Milán. Hacía un frío impropio y solo se presentaron treinta y tres. A San Remo llegaron catorce. Ganó el francés Lucien Petit-Breton, que cubrió los 286 kilómetros a una media de 26,206 km/h. Si el patrón le suena, es porque es el mismo de siempre: en el ciclismo de principios de siglo, detrás de casi toda carrera legendaria hay un periódico intentando vender más ejemplares que el de enfrente.

EL PERFIL DE LA CLASSICISSIMA Milán San Remo Turchino los Capi Cipressa Poggio Casi 300 km: todo lo que importa está en el último quinto del recorrido.

1910: la edición que casi nadie terminó

Tres años después llegó el día que convirtió la carrera en mito. La edición de 1910 se corrió bajo una tormenta de nieve tan brutal que los corredores tuvieron que refugiarse en las casas del camino. De los sesenta y tres que salieron, terminaron cuatro. Ganó el francés Eugène Christophe con un tiempo de 12 horas y 24 minutos —sigue siendo la edición más lenta de la historia— y con la particularidad de que cruzó la meta convencido de haberse equivocado de carretera: no sabía que era el primero. El segundo, Giovanni Cocchi, entró una hora y diecisiete minutos después.

Vino luego la era de Costante Girardengo, que entre 1917 y 1928 acumuló once podios y seis victorias, y más tarde los duelos entre Coppi y Bartali. La prensa italiana, que nunca ha pecado de contenida, empezó a llamarla la Classicissima: la más clásica de las clásicas. Entre 1935 y 1953 se corrió siempre el 19 de marzo, festividad de San José, así que también se ganó el apodo de la Gara di San Giuseppe. Y en 1949 la meta se instaló por primera vez en la Via Roma, la calle comercial del centro de San Remo donde sigue estando hoy.

La carrera más fácil de acabar y la más difícil de ganar.

Dicho del pelotón, atribuido habitualmente a Eddy Merckx

El problema de una carrera demasiado plana

Durante décadas la única dificultad seria fue el Passo del Turchino, la subida que separa la llanura del mar en el kilómetro 140. Servía cuando las bicicletas pesaban y las carreteras eran de tierra, pero a medida que el ciclismo se profesionalizó quedó claro que estaba demasiado lejos de meta para decidir nada. El resultado era una carrera que ganaban casi siempre los esprínteres y, detalle nada menor para una prueba organizada desde Milán, tras 1953 los italianos encadenaron diecisiete años sin ganarla.

La respuesta fue quirúrgica. En 1960 el director de carrera Vincenzo Torriani añadió el Poggio, la colina justo antes de la entrada en San Remo. No funcionó: los extranjeros siguieron ganando. En 1982 se incorporó la Cipressa, más larga y algo antes. Entre medias están los tres Capi —Capo Mele, Capo Cervo y Capo Berta—, toboganes cortos junto al mar que sirven para desgastar. Y entre 2008 y 2014 los organizadores probaron a meter Le Manie, que acabaron retirando para volver al trazado tradicional. Casi ciento veinte ediciones después, la Milán-San Remo es de las carreras que menos ha cambiado su recorrido: hay algo de orgullo en eso.

Los últimos nueve kilómetros

Aquí están los números que explican por qué es imprevisible. La Cipressa mide 5,6 kilómetros al 4% de media y corona a 22 kilómetros de meta. El Poggio, 3,7 kilómetros al 3,7%, con la cima a 5,4 kilómetros de la Via Roma. Son cifras ridículas: cualquier aficionado en forma sube el Poggio sin bajar del plato grande. La diferencia es que llegas a él después de casi 290 kilómetros y a rueda de doscientos profesionales lanzados.

Y luego está el descenso, que es donde de verdad se gana. Los últimos metros del Poggio se empinan hasta el 8% —el punto exacto donde se lanzan los ataques— y a partir de ahí la carretera se estrecha y se despeña en curvas cerradas hacia la ciudad. Un esprínter puro puede aguantar la subida y perderlo todo en la bajada por no ir en las tres primeras posiciones. Por eso la carrera la suele ganar quien esprinta bien, pero casi nunca el que esprinta mejor.

DONDE SE DECIDE TODO cima del Poggio 3,7 km al 3,7% descenso técnico Via Roma De la cima a la meta: 5,4 kilómetros. Suficientes para ganar y para perderlo todo.

Los reyes de la Classicissima

El récord es de Eddy Merckx, cómo no: siete victorias entre 1966 y 1976. No es solo el récord de la Milán-San Remo, es el récord de victorias de un corredor en una misma clásica. Detrás está Girardengo con seis, y ya en tiempos modernos el alemán Erik Zabel con cuatro y el español Óscar Freire con tres. La anécdota que resume la carrera mejor que ninguna otra es la de 2004: Zabel iba a ganar su quinta, levantó los brazos antes de tiempo y dejó de pedalear. Freire lo pasó por milímetros.

El récord de velocidad lo tiene Gianni Bugno, que en 1990 la ganó en 6 horas, 25 minutos y 6 segundos, a 45,8 km/h de media, con cuatro segundos sobre Rolf Gölz. En el otro extremo del termómetro, la edición de 2013 se corrió con nieve y bajo cero: hubo que acortarla en 52 kilómetros, suprimir el Turchino y Le Manie y trasladar al pelotón en autobús para volver a dar la salida. Ganó el alemán Gerald Ciolek, que no figuraba en ninguna quiniela. Y en 2026 la ganó por fin Tadej Pogačar, después de cuatro años consecutivos entre los cinco primeros: fue su undécimo Monumento.

MÁS VICTORIAS Eddy Merckx C. Girardengo Erik Zabel Óscar Freire 7 6 4 3 Las siete de Merckx son también el récord de victorias en una misma clásica.

Con casi 300 kilómetros, la Milán-San Remo sigue siendo la carrera profesional de un día más larga de Europa y la primera gran cita del calendario: se corre el tercer sábado de marzo, cuando media Italia aún no ha guardado el abrigo. Desde 2025, además, hay Milán-San Remo femenina, recuperada tras veinte años de ausencia y disputada el mismo día sobre una distancia más corta. En nuestra colección las piezas de esta carrera se reconocen enseguida: llevan el rosa de la Gazzetta por alguna parte, porque en Italia el periódico nunca se va del todo.

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Fuente: Wikipedia (Milán-San Remo y sus ediciones de 1907, 1910, 1990, 2013, 2025 y 2026; Poggio di San Remo), milanosanremo.it, Ciclismo Internacional y CyclingStage. Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.


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