En lo alto de un puerto lombardo, a 754 metros sobre el lago de Como, hay una capilla donde cuelgan bicicletas en lugar de exvotos. Es la Madonna del Ghisallo, la virgen de los ciclistas, y cada otoño ve pasar por delante al pelotón de Il Lombardia, la última gran clásica de la temporada. Los italianos la llaman «la classica delle foglie morte», la clásica de las hojas muertas, porque se corre cuando los castaños ya amarillean y el año ciclista se despide. El 10 de octubre de 2026 cumple 120 ediciones. Esta es su historia: un desafío que ganó quien no debía, un santuario convertido en museo y dos campeones, separados por setenta años, empatados a cinco victorias.
1905: una revancha que ganó otro
La carrera nació de un pique. El periodista Tullo Morgagni, de La Gazzetta dello Sport, quería dar a Pierino Albini la ocasión de vengarse de Giovanni Cuniolo, que le había ganado poco antes. Montó una prueba de ida y vuelta desde Milán y la llamó, con toda lógica, Milano-Milano. El 12 de noviembre de 1905 tomaron la salida 55 corredores para recorrer 230,5 kilómetros. Solo llegaron doce.
Y no ganó ni Albini ni Cuniolo. Ganó Giovanni Gerbi, un joven de Asti que se escapó pronto, aprovechó las caídas y los frenazos de sus rivales en un paso a nivel y entró en meta con más de cuarenta minutos de ventaja sobre Giovanni Rossignoli. Tercero, a algo más de cuarenta minutos, fue Luigi Ganna, que cuatro años después ganaría el primer Giro de Italia. Dos años más tarde, en 1907, la prueba pasó a llamarse Giro di Lombardia.
Gerbi tenía apodo de villano: el «Diavolo Rosso», el Diablo Rojo. Cuenta la leyenda que un cura lo vio cruzar a toda velocidad una procesión con su maillot rojo y exclamó en piamontés algo así como «¿quién es ese?, ¿el diablo?». En 1907 volvió a cruzar el primero la meta del Lombardía, pero le quitaron la victoria. Las versiones difieren: unas fuentes dicen que hizo parte del recorrido a rueda de una moto; otras, que sus seguidores bloquearon pasos a nivel y sembraron clavos en la carretera para frenar a los demás. La federación lo sancionó dos años, que luego rebajó a seis meses.
La virgen del Ghisallo: un santuario con bicicletas
Si el Lombardía tiene un lugar sagrado, en sentido literal, es el Ghisallo. La capillita de Magreglio ya era parada habitual de los ciclistas cuando el párroco, don Ermelindo Viganò, tuvo una idea: pedir que la virgen fuera declarada patrona del ciclismo. Lo consiguió. El 13 de octubre de 1949, el papa Pío XII la proclamó patrona de los ciclistas. Una antorcha bendecida en Roma viajó hasta el santuario en un relevo de corredores, y los dos últimos portadores fueron, cómo no, Gino Bartali y Fausto Coppi.
Desde entonces la capilla se ha ido llenando de reliquias: bicicletas de Bartali, Coppi y Merckx, maillots rosas, amarillos y arcoíris y la bicicleta de Fabio Casartelli, el corredor de la provincia de Como que murió en una caída en el Tour de 1995. Como ya no cabía nada más, en 2006 se inauguró al lado el Museo del Ciclismo, impulsado por Fiorenzo Magni, tres veces ganador del Giro. Para el coleccionista, el Ghisallo es lo más parecido a una peregrinación: un sitio donde los objetos del pelotón se guardan con la misma devoción que las imágenes de un altar.
Coppi, el dueño del otoño
Antes de Coppi, el gran nombre del Lombardía fue Alfredo Binda, con cuatro victorias en los años veinte y treinta. Bartali la ganó tres veces y subió nueve veces al podio. Pero el otoño lombardo tuvo un dueño indiscutible: Fausto Coppi la ganó cuatro años seguidos, de 1946 a 1949, justo cuando la carrera volvía tras las dos ediciones suspendidas por la guerra (1943 y 1944), y una quinta vez en 1954. Durante setenta años, esas cinco victorias fueron el récord intocable de la carrera.
Por el palmarés han pasado casi todos los grandes. Eddy Merckx la ganó en 1971 y 1972, y en 1973 entró en meta con más de cuatro minutos de ventaja, pero dio positivo en el control y la victoria fue para Felice Gimondi. El irlandés Sean Kelly sumó tres, igual que Damiano Cunego en la década de 2000. No es casualidad que Italia acumule cerca de setenta victorias: durante décadas fue una carrera de casa, con meta en Milán y luego en Como, Bérgamo o Lecco.
El Muro de Sormano y la lluvia de Purito
El Lombardía es una clásica de escaladores, y a veces se le ha ido la mano con las cuestas. El caso más célebre es el Muro di Sormano: 1,7 kilómetros con rampas de hasta el 27 %, tan brutal que se usó entre 1960 y 1962 y luego se abandonó durante medio siglo. Volvió en 2012, colocado justo antes del Ghisallo, con el asfalto cubierto de pintadas y los aficionados empujando con la mirada.
Aquel 2012 fue también el año español. Bajo lluvia y niebla, con unos diez grados y 143 de los 197 corredores retirados, Joaquim «Purito» Rodríguez atacó en Villa Vergano, la última subida, y bajó solo hasta Lecco. Samuel Sánchez fue segundo, a nueve segundos. Purito se convirtió en el primer español que ganaba la clásica, y al año siguiente repitió por delante de otro español, Alejandro Valverde. Dos ediciones seguidas con dos españoles en el podio: en una carrera tan italiana, no es poca cosa.
Pogačar alcanza a Coppi
Setenta años después del último triunfo de Coppi, apareció un esloveno con prisa. Tadej Pogačar ganó en 2021 y ya no soltó la carrera: 2022, 2023, 2024 y, el 11 de octubre de 2025, la quinta. Aquel día, entre Como y Bérgamo, atacó en el Passo di Ganda a 36 kilómetros de meta y llegó con 1:48 sobre Remco Evenepoel. Con ella igualó las cinco victorias de Coppi y se convirtió en el primer corredor que gana el mismo monumento cinco años seguidos. Era, además, su décimo monumento.
«Cada vez que tomo la salida siento que este recorrido, esta carrera, me va de maravilla».
Tadej Pogačar, tras su quinta victoria en 2025 (Cyclingnews)
La pregunta para este otoño es evidente: si vuelve a ganar, Coppi dejará de compartir el récord por primera vez desde 1954.
2026: de Bérgamo a Como, 120 ediciones después
Desde 2014, la llegada alterna entre Bérgamo y Como, y este año toca terminar a orillas del lago. La 120.ª edición se corre el sábado 10 de octubre: 239 kilómetros, nueve subidas y 4.600 metros de desnivel acumulado. El Ghisallo vuelve a estar en el menú, y la novedad es el circuito final de 22 kilómetros en Como, con doble paso por San Fermo della Battaglia y el Civiglio en medio. El Muro di Sormano, en cambio, no aparece.
La víspera, el 9 de octubre, los equipos se presentan en Bérgamo, y el domingo 11 se cierra el «gran fin de semana» del Lombardía. Será la última cita grande del año: después, solo quedan las hojas en el suelo y el invierno para echar cuentas.
Para el coleccionista, el Lombardía tiene un encanto especial: sus piezas viven a la sombra de las del Giro, pero los bidones, gorras y dorsales de los años de Coppi, Merckx o Kelly cuentan la historia del final de cada temporada. Si te apetece ver cómo suena esa historia en objetos, date una vuelta por nuestra colección y busca la pieza que te haga pensar en el otoño lombardo.
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Sigue leyendo:
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Fuente: Wikipedia en italiano, inglés y español («Giro di Lombardia», «Santuario della Madonna del Ghisallo», «Giovanni Gerbi», «1905 Giro di Lombardia», «2012 Giro di Lombardia», «2013 Giro di Lombardia»); Cyclingnews (resultados de Il Lombardia 2025); bikeraceinfo.com (edición de 1973); Sky Sport y tuttoBiciweb (presentación del recorrido de 2026, 24 de septiembre de 2026); giroditalia.it (RCS Sport). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.