El maillot de lunares y el «rey de la montaña»: historia de una camiseta legendaria

Ilustración: maillot de lunares

Hay prendas que cuentan una carrera entera con un solo golpe de vista. El maillot amarillo dice quién manda; el verde, quién corre más rápido al esprint. Pero hay una camiseta que despierta una ternura distinta, casi traviesa: la blanca de lunares rojos, la que se cuelga del hombro el mejor escalador del Tour de Francia. La llaman maillot à pois y, contra todo pronóstico, no nació de un sesudo plan de marketing ni de la tradición centenaria del ciclismo, sino del capricho de un chocolatero y del recuerdo de un humilde corredor de pista. Esta es su historia.

Un premio sin camiseta (1933-1975)

La clasificación de la montaña es mucho más antigua que su famosa camiseta. El Tour empezó a premiar al mejor trepador en 1933, cuando el español Vicente Trueba, apodado «la Pulga de Torrelavega», se convirtió en el primer rey de la montaña de la historia. Durante más de cuatro décadas ese reinado fue puramente honorífico: el escalador sumaba puntos coronando los puertos, salía en las crónicas y poco más. No había ninguna prenda que lo distinguiera en plena etapa, así que el aficionado al borde de la carretera no tenía forma de reconocerlo entre la maraña de colores del pelotón.

Eso cambió cuando la organización entendió algo que hoy nos parece obvio: una clasificación necesita un símbolo visible para emocionar. Y la montaña, ese territorio donde el Tour se decide y donde sufren los héroes, merecía el suyo.

REY DE LA MONTAÑA

1975: nace el maillot de lunares

La camiseta de lunares se estrenó en el Tour de 1975, la misma edición que, por cierto, vio nacer también la llegada en los Campos Elíseos. La iniciativa partió del patrocinador de la clasificación de la montaña, la marca de chocolate Chocolat Poulain, que quería dar más visibilidad —y de paso más publicidad— al premio de los escaladores. La organización aceptó, y a partir de ese verano el mejor trepador dejó de ser invisible: ahora se le veía a kilómetros, salpicado de puntos rojos sobre fondo blanco.

El primer corredor que se enfundó el maillot durante aquel Tour fue el neerlandés Joop Zoetemelk, líder provisional de la montaña en los primeros días. Pero quien acabó conquistándolo en París fue el belga Lucien Van Impe, del equipo Gitane-Campagnolo, que sumó 285 puntos para firmar su tercer título de la montaña tras los de 1971 y 1972. Van Impe, un escalador puro de los de antes, quedaría para siempre asociado a esos lunares.

1975 EL AÑO DE LOS LUNARES

El amarillo dice quién gana el Tour. Los lunares dicen quién lo sufre más arriba.

¿Por qué lunares? De los jockeys ingleses a «P’tit pois»

Aquí llega la parte más entrañable. El diseño no salió de un estudio de moda, sino de la memoria de Félix Lévitan, codirector del Tour junto a Jacques Goddet. Lévitan recordaba a un modesto ciclista de pista francés, Henri Lemoine, apodado «P’tit pois» («guisantito»), que corría con un maillot de lunares. Y Lemoine, a su vez, había tomado la idea de los jockeys ingleses, que vestían casacas de colores y dibujos vistosos —los lunares entre ellos— para que el público de los hipódromos pudiera distinguirlos de un vistazo desde la lejanía.

Así que la camiseta más francesa del Tour tiene, en realidad, raíces británicas y un punto hípico. Un detalle delicioso para cualquier coleccionista: detrás de cada prenda hay una cadena de historias que cruza países, deportes y décadas.

UK → FR Le Tour De los jockeys ingleses a P’tit pois

De Poulain a Leclerc: medio siglo de patrocinadores

Como casi todo en el ciclismo, el maillot de lunares también es un escaparate. Desde aquel 1975 ha pasado por las manos de numerosos patrocinadores que han ido pagando por asociar su nombre a los puertos: Poulain primero, y después Campagnolo, Coca-Cola, Champion, Carrefour y, en los últimos años, los supermercados Leclerc. Lo asombroso es que, pese a tantos dueños, el diseño básico —fondo blanco, lunares rojos— apenas ha cambiado. En 2025 la camiseta celebró su 50.º aniversario convertida en un icono inconfundible.

Para el coleccionista, ese baile de marcas es oro puro: cada patrocinador imprime su época, su tipografía y sus colores corporativos en los detalles, y permite datar una prenda casi como quien lee los anillos de un árbol.

1975 Poulain Coca-Cola Champion Carrefour Hoy Leclerc 50 años de lunares

Una camiseta que cabe en una colección

Lo bonito del maillot de lunares es que resume el alma de este blog: una prenda nacida de una anécdota, cargada de historias cruzadas y convertida en emoción colectiva. Cuando un escalador la levanta en lo alto de un puerto, no celebra solo sus puntos; celebra medio siglo de jockeys ingleses, de chocolateros con vista comercial y de aficionados que aprendieron a reconocer a su héroe desde la cuneta. Por eso nos gusta tanto coleccionar estos objetos: cada bidón, cada gorra, cada camiseta guarda dentro un trozo de esa memoria rodante. Si quieres asomarte a las piezas que vamos reuniendo, pásate por nuestra colección y sigue rodando con nosotros.

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Llévate un trozo de esta historia

Si los lunares te han enganchado tanto como a nosotros, aquí van algunas ideas para vestir, rodar y leer al ritmo del rey de la montaña. Pequeños caprichos para llevar el espíritu del Tour contigo:

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Fuente: Santini Cycling Wear («50 Years of the Polka Dot Jersey») y Wikipedia (Mountains classification in the Tour de France). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.


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