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Las reglas no escritas del pelotón: cuándo no se ataca

El 20 de julio de 2010, a unos cuatro kilómetros de la cima del Port de Balès, Andy Schleck se levantó del sillín para atacar con el maillot amarillo puesto y la cadena se le salió del plato. Durante un par de segundos pedaleó en el vacío, con esa cara de incredulidad que solo se le pone a alguien a quien se le acaba de escapar un Tour de Francia. Alberto Contador pasó por su lado y no levantó el pie. No hizo trampa: no existe un solo artículo del reglamento de la UCI que prohíba atacar a un rival con problemas mecánicos. Pero aquella noche, en Bagnères-de-Luchon, el público le abucheó en el podio. Había roto algo peor que una norma: había roto una regla que nadie ha escrito jamás.

El reglamento que no está en ningún reglamento

El ciclismo profesional tiene un libro de normas denso y aburrido: medidas de cuadro, distancias mínimas, sanciones por tirar un bidón fuera de la zona habilitada. Ese es el código escrito, el que aplican los comisarios con un cronómetro y un talonario de multas. Y luego está el otro, que no tiene artículos ni sanciones, que no se estudia y que no aparece en ninguna licencia: el código oral del pelotón. Se aprende mirando, en los primeros meses de neoprofesional, generalmente después de que un veterano te grite algo al oído.

Ese segundo código regula lo que el primero no puede regular: la diferencia entre ganar y ganar bien. Y aunque no tiene multas, tiene memoria. El pelotón es un pueblo pequeño de doscientas personas que se van a ver todas las semanas durante quince años; nadie olvida quién esperó y quién no.

La regla madre: al que cae o pincha, se le espera

Es la primera de todas y la más sagrada. Si el líder de la carrera pincha, se cae o le derriba un espectador, los rivales levantan el pie hasta que vuelve. La lógica es sencilla y bastante hermosa: se corre contra las piernas del otro, no contra su mala suerte.

El ejemplo canónico tiene dos capítulos y los protagonizaron los mismos dos hombres. En el Tour de 2001, Jan Ullrich se salió de la carretera bajando el Col de Peyresourde; Lance Armstrong, que iba delante, esperó. Dos años después, en la etapa 15 del Tour de 2003 camino de Luz-Ardiden, la bolsa de un espectador enganchó el manillar de Armstrong a menos de diez kilómetros de la meta y lo tiró al suelo. Tyler Hamilton y el propio Ullrich mandaron frenar al grupo. Armstrong se levantó, alcanzó al pelotón y ganó la etapa. «Le agradezco de verdad a Jan que se acordara de mi gesto de hace dos años», dijo al bajarse de la bici. Ullrich lo resumió mejor: la deportividad lo es todo en el deporte.

La regla, eso sí, tiene una frontera muy precisa, y todo el mundo la conoce: se espera a la mala suerte, no a la debilidad. Si el líder pincha, se le espera. Si el líder se queda porque tiene un mal día, porque ha comido poco o porque se ha colocado mal antes de un abanico, nadie va a esperarle. Ahí el pelotón se comporta como un banco de peces y se le come sin ningún remordimiento.

LA REGLA MADRE Se corre contra las piernas del rival, no contra su mala suerte. AVERÍA EL PELOTÓN LEVANTA EL PIE

«Chaingate»: el día que la regla se rompió en directo

Volvamos al Port de Balès. Schleck tardó veintiocho segundos en volver a subirse a la bici con la cadena puesta. Cuando cruzó la meta en Bagnères-de-Luchon había perdido treinta y nueve segundos con Contador y, con ellos, el maillot amarillo. La prensa bautizó el episodio como chaingate y el debate se instaló en toda Europa durante días: ¿había que esperar a un rival por una cadena, que es un fallo de la máquina y también, en parte, de quien la maneja?

El propio Contador entendió pronto que la calle había dictado su sentencia. Esa misma tarde publicó un vídeo pidiendo disculpas y admitiendo que quizá se había equivocado. Schleck, más seco, dijo que aquello le daba rabia y que a partir de entonces él sería el que persiguiera. El Tour de 2010 terminó con exactamente treinta y nueve segundos de diferencia entre los dos: los mismos que se habían decidido en aquella rampa. Año y medio después, en febrero de 2012, la sanción por dopaje de Contador dejó el título en manos de Schleck, lo que convirtió la discusión moral en una de esas ironías que solo entrega el ciclismo.

PORT DE BALÈS · 20 DE JULIO DE 2010 Schleck, parado con la cadena fuera 28 s Tiempo perdido con Contador ese día 39 s Diferencia final en París 39 s

La tregua de París y otras paces pactadas

No todas las reglas no escritas nacen de un accidente. Algunas son directamente un armisticio. Desde 1975, cuando el Tour trasladó su final a los Campos Elíseos —el primer vencedor allí fue el belga Walter Godefroot, el 20 de julio de aquel año—, existe un acuerdo de caballeros: el último día los hombres de la general no se atacan. La etapa se convierte en un desfile lento, con copas de champán circulando por el pelotón, fotos de equipo y conversaciones que en cualquier otra jornada serían impensables. La carrera solo vuelve a encenderse al entrar en el circuito parisino, donde los esprínteres reclaman lo suyo.

Y algunas veces el pelotón usa ese poder colectivo contra la propia organización. En el Tour de 1978, harto de las medias etapas que obligaban a acostarse pasada la medianoche y levantarse a las cinco de la mañana, el grupo rodó a veinte kilómetros por hora hasta Valence d’Agen y cruzó la línea de meta andando, con Bernard Hinault al frente. La etapa fue anulada. Fue la demostración más literal de la única arma real del pelotón: ponerse de acuerdo.

Las cortesías pequeñas

Debajo de las grandes reglas hay una capa de buenos modales que el aficionado rara vez ve, pero que ordena cada día de carrera:

  • En la zona de avituallamiento no se ataca. Medio pelotón lleva las manos ocupadas con una musette y aprovecharlo se considera una miseria.
  • El descanso técnico se pacta. Cuando el líder se detiene a un lado de la carretera, el grupo afloja; atacar en ese momento es el equivalente ciclista a hacer trampas al solitario.
  • No se celebra una victoria delante del compañero que se ha dejado el día entero trabajando para ti.
  • En un esprint no se cambia de línea. Esta sí está en el reglamento escrito, pero el pelotón la castiga mucho antes que los comisarios.
  • Si provocas una caída, vas a disculparte. Sin excepciones.
DONDE EL PELOTÓN NO ATACA AVITUALLAMIENTO CAÍDA O PINCHAZO DEL LÍDER DESCANSO TÉCNICO tregua

Quién hace cumplir lo que no está escrito

Durante décadas hubo una figura encargada de ello: el patrón. Un corredor con suficiente autoridad como para decidir cuándo se corría y cuándo no, y a quien nadie discutía. Hinault fue el último patrón indiscutible, y no es casualidad que fuera también quien encabezó la huelga de Valence d’Agen: el mismo hombre que plantaba cara a la organización decidía después si una escapada tenía permiso para irse.

Hoy, con pinganillos, potenciómetros y directores que dan las órdenes desde el coche, esa figura se ha diluido. Pero el castigo sigue funcionando igual, y no es una multa: es el aislamiento. Al que rompe el código nadie le da rueda, nadie le deja entrar en una fuga y, sobre todo, nadie le espera el día que sea él quien pinche. En un deporte donde ir solo contra el viento cuesta muchísima más energía que ir a rueda, esa es una sanción bastante más cara que cualquier franco suizo.

La deportividad lo es todo en el deporte.

Jan Ullrich, tras esperar a Armstrong en Luz-Ardiden, Tour de Francia de 2003

Lo fascinante del código oral del pelotón es que no deja rastro material. No hay un acta de la tregua de los Campos Elíseos ni un documento firmado en el Port de Balès. Lo único que queda son los objetos: el bidón que alguien pasó a un rival, la musette que se recogió al vuelo en una zona donde nadie atacaba, la gorra que un gregario regaló en meta. Por eso en nuestra colección las piezas valen menos por lo que son que por lo que presenciaron.

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Sigue leyendo: ¿Por qué se llama «pelotón»? La historia de una palabra que viene de un ovillo de lana.

Fuente: Velo / Outside Online (Luz-Ardiden 2003 y etiqueta de carrera), road.cc (las reglas no escritas del Tour), ESPN y Cycling Weekly (Port de Balès y las disculpas de Contador), Telemadrid y El Correo Gallego (reacciones del Tour de 2010), Wikipedia (etapa de los Campos Elíseos) y Ciclo21 (huelga de Valence d’Agen, 1978). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.


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