Al terminar el Giro de Italia de 1987, Roberto Visentini se presentó ante su director, Davide Boifava, con unas bolsas de plástico. Dentro estaba su bicicleta, cortada a trozos con una sierra. Así lo contó él mismo años después, y el gesto resume mejor que cualquier crónica lo que sintió el campeón del Giro de 1986 cuando su compañero de equipo, Stephen Roche, le quitó la maglia rosa camino de Sappada. Aquella etapa, la 15.ª, sigue siendo para los italianos «el tradimento di Sappada», la traición de Sappada. Para Roche fue el primer paso del año más grande de su vida.
Dos capitanes en un mismo coche
El Carrera de 1987 tenía un problema de lujo: dos líderes para una sola carrera. Visentini, de Brescia, era el vigente ganador del Giro y el niño mimado de los tifosi. Roche, irlandés de Dublín, venía de un 1986 casi perdido: una caída en los Seis Días de París-Bercy le había destrozado la rodilla derecha y apenas pudo competir en todo el año. En 1987 volvía recuperado y con hambre, y el equipo ya lo había señalado como su jefe de filas para el Tour.
El reparto parecía sencillo: Giro para Visentini, Tour para Roche. Pero según el relato del irlandés, antes de la salida Visentini dejó claro a la prensa que en julio no pensaba ayudarle: él no iría al Tour, se iría a la playa. Roche, que recordaba haber trabajado para el italiano el año anterior con la rodilla maltrecha, tomó nota.
La carrera empezó a enredarse pronto. Visentini ganó el prólogo de San Remo, Carrera ganó la contrarreloj por equipos de la tercera etapa y Roche se vistió de rosa. La llevó diez días, hasta la contrarreloj de 46 kilómetros entre Rimini y San Marino del 4 de junio. Allí Visentini ganó la etapa, Roche perdió 2 minutos y 47 segundos y la maglia cambió de hombros dentro del mismo autobús. A falta de nueve etapas, el italiano mandaba con 2:42 sobre su compañero.
6 de junio: 224 kilómetros hacia Sappada
La 15.ª etapa iba del Lido di Jesolo a Sappada, en los Dolomitas, 224 kilómetros con el puerto de Monte Rest en medio. Era una jornada de transición y Carrera tenía un plan claro: controlar y proteger la rosa. Roche tenía otro. Se metió en los movimientos de la primera parte de la carrera contra las órdenes del equipo, y en la bajada de Monte Rest se fue por delante con Ennio Salvador y Jean-Claude Bagot.
Boifava se puso a la altura de Roche con el coche y le ordenó parar. Roche se negó: según su versión, si los demás equipos no tiraban, Carrera ganaría la etapa por diez minutos y el Giro seguiría siendo suyo, con uno o con otro. El director no lo vio igual y mandó a los gregarios de Carrera a perseguir a su propio compañero. Fue el mundo al revés: el equipo del líder tirando contra uno de los suyos, con Visentini detrás exigiendo más ritmo.
«Me volví loco en la bajada, y abajo tenía un minuto y medio sobre Visentini».
Stephen Roche, recordando la etapa de Sappada en Cyclingnews
La persecución tuvo un precio. Carrera alcanzó a Roche, pero los gregarios llegaron vacíos a la subida final, y entonces el que se hundió fue Visentini. Mientras el neerlandés Johan van der Velde ganaba la etapa y Roche entraba a 46 segundos en el grupo de los favoritos, el líder se dejaba 6 minutos y 50 segundos en la meta de Sappada. Al bajarse de la bici, Roche era el nuevo maglia rosa, con solo cinco segundos sobre el suizo Tony Rominger. Visentini había caído al séptimo puesto, a 3:12.
«No pude digerirlo»: Italia contra el irlandés
Esa noche, en el hotel, Boifava le recordó a Roche la cuenta: por la mañana Carrera tenía al líder con cinco minutos sobre Rominger; por la noche, cinco segundos. Le prohibió hablar con la prensa. Roche habló igual. Su argumento fue que él no había atacado a Visentini, solo había seguido los ataques de otros. Su líder lo vio de otra manera, y lo dejó dicho:
«Que te atacaran los rivales era normal, pero era mi compañero de equipo y no pude digerirlo».
Roberto Visentini, años después, en declaraciones recogidas por Sticky Bottle
La prensa italiana habló de traición, y los aficionados se lo tomaron como algo personal. Roche necesitó protección policial, salió en televisión pidiendo calma y contaría más tarde que pasó miedo: en la carretera le escupieron, le insultaron y hubo quien intentó golpearle. Visentini, por su parte, aseguró que lo que le interesaba era la honestidad y que no había visto mucha.
La Marmolada: un líder escoltado por un rival
Al día siguiente esperaba la etapa reina: de Sappada a Canazei, con Croce Comelico, Gardena, Sella, Pordoi y la subida final a la Marmolada por el Passo Fedaia. Visentini atacó una y otra vez, como si quisiera recuperar el Giro o, al menos, el orgullo. Roche no tenía equipo en el que confiar, salvo una excepción: el belga Eddy Schepers, el único gregario de Carrera que se había puesto de su lado.
La otra ayuda llegó de donde nadie la esperaba. El escocés Robert Millar, del Panasonic y rival directo en la general, rodó junto a Roche en las rampas de la Marmolada y le ayudó a neutralizar los ataques. Van der Velde volvió a ganar la etapa, y la general apenas se movió. Roche había sobrevivido al día más peligroso del Giro rodeado de un compañero fiel y de un adversario amigo, que es tanto como decir que las reglas no escritas del pelotón se habían vuelto del revés.
Pila, Saint-Vincent y una bici serrada
Visentini no se recuperó. En la etapa 21, de Como a Pila, perdió otros seis minutos y sufrió una caída en la que se fracturó la muñeca. Terminó la etapa, pero ya no tomó la salida en la contrarreloj final. Esa última crono, de Aosta a Saint-Vincent, la ganó Roche, que llegó a la meta final con 3:40 sobre Millar y 4:17 sobre el neerlandés Erik Breukink. Cuarto, a 5:11, terminó el vasco Marino Lejarreta. Roche se convirtió así en el primer irlandés que ganaba el Giro de Italia.
Visentini no volvió a ganar una carrera. Corrió unas temporadas más en equipos pequeños y se retiró en 1990 para ocuparse del negocio familiar cerca de Brescia. Durante décadas, la sola mención de Roche le sacaba de quicio: llegó a definir su gesto como «indecible». La reconciliación con el Giro, que no con el irlandés, llegó en enero de 2026, cuando la carrera lo incluyó en su Hall of Fame. Allí habló de su Giro de 1986 como la cumbre de su carrera. De Sappada, mejor no preguntar.
Giro, Tour y Mundial: el año que justificó todo
Lo que vino después explica por qué Sappada sigue siendo tan incómoda de juzgar. En julio, Roche ganó el Tour de Francia por 40 segundos sobre Pedro Delgado, después de una subida a La Plagne en la que recortó una diferencia que parecía insalvable y se desplomó en meta, donde tuvieron que darle oxígeno. En septiembre ganó el Mundial de Villach, en Austria, con un ataque a 500 metros de la meta tras haber trabajado para su compatriota Sean Kelly. Más tarde lo diría él mismo: ganar el Giro le permitió ir al Tour sin nada que perder.
Giro, Tour y Mundial en una misma temporada. Antes solo lo había conseguido Eddy Merckx, en 1974, y después habría que esperar hasta 2024 para ver a Tadej Pogačar igualarlo. Ninguno de los tres lo hizo, eso sí, con la mitad de su propio equipo persiguiéndolo.
Para el coleccionista, el Carrera de 1987 es una de esas temporadas que lo tienen todo: el maillot del jean como diseño, una rosa, un amarillo y un arcoíris en el mismo año, y una historia que todavía divide a los aficionados. Si te gustan las piezas de los ochenta, cuando los bidones y las gorras llevaban el nombre de la marca en letras enormes, date una vuelta por nuestra colección.
En la colección
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Fuente: web oficial giroditalia.it («Memories from Sappada 1987: Roche vs Visentini, the great betrayal» y «Roberto Visentini enters the Giro d’Italia Hall of Fame», 2026); BikeRaceInfo (Giro de Italia 1987); CyclingRevealed («Peloton Feuds: Roche-Visentini»); Wikipedia («1987 Giro d’Italia», «Stephen Roche»); Cyclingnews («Taking the triple»); Sticky Bottle (entrevistas a Roche y Visentini); Il Foglio (2017). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.
