Burdeos-París: la clásica de 600 km y la locura de Anquetil

A las cinco de la tarde del sábado 29 de mayo de 1965, Jacques Anquetil bajaba del podio del Critérium du Dauphiné Libéré, en Aviñón, con ocho días de carrera en las piernas. Ocho horas y media después volvía a estar sentado en una bicicleta, de noche, a las afueras de Burdeos, con 557 kilómetros por delante hasta París. Aquella locura, que solo se le podía ocurrir a su director, Raphaël Géminiani, es el capítulo más famoso de la Burdeos-París, una carrera tan larga que durante casi un siglo se corrió en parte detrás de una moto. Hoy ya no existe en el calendario profesional, pero su leyenda pesa más que muchas clásicas vivas.

1891: treinta y ocho valientes y ni una cama

La Burdeos-París nació el 23 de mayo de 1891, organizada por el periódico Le Véloce-Sport y el Véloce Club Bordelais. El anuncio prometía 572 kilómetros entre las dos ciudades, una salvajada para la época, y fue la primera gran carrera entre ciudades disputada con la nueva bicicleta «de seguridad», la de dos ruedas iguales y cadena que es la abuela de la tuya. Los organizadores estaban tan convencidos de que aquello duraría varios días que prepararon alojamiento por el camino para los corredores.

No hizo falta. Salieron 38 participantes a las cinco de la mañana desde la plaza del Pont de la Bastide y los británicos, a quienes su federación solo dejó viajar después de exigir que todos los inscritos fueran amateurs, arrasaron: los cuatro primeros puestos fueron suyos. El ganador, George Pilkington Mills, pedaleó toda la noche y llegó a París en 26 horas, 36 minutos y 25 segundos. Montague Holbein, segundo, tardó más de una hora más. La carrera acababa de inventar algo que la acompañaría siempre: la noche en vela como parte del oficio.

Detrás de una moto: el «derby de la route»

Lo que hacía única a la Burdeos-París no era solo la distancia, sino cómo se recorría. Desde el principio se permitieron «entrenadores», que abrían el aire al corredor: primero ciclistas y tándems, durante una época incluso coches y, a partir de los años treinta, motos. A finales de esa década apareció el derny, una bicicleta con un pequeño motor de dos tiempos que fabricaba en París la casa Roger Derny et Fils. Su primer modelo se llamaba, literalmente, «Bordeaux-Paris».

Tras la Segunda Guerra Mundial la fórmula quedó fijada. Los corredores salían de madrugada y hacían la primera parte solos; en Poitiers o en Châtellerault, más o menos a mitad de camino, se colocaban detrás de su derny y desde ahí volaban hacia París a cincuenta o sesenta por hora, pegados a la rueda trasera del entrenador. Los franceses la llamaban el «derby de la route», y exigía una preparación tan especial que muchos campeones la evitaban: había que aguantar el sueño, el frío del amanecer y, después, horas de velocidad de pista sobre carretera.

EL DOBLE QUE LA CLÁSICA MÁS LARGABurdeos-París 1891572 kmBurdeos-París 1965557 kmBurdeos-París 1988608 kmMilán-San Remo hoy≈ 290 kmFuentes: Wikipedia (Le Véloce-Sport), CyclingRanking (ediciones de 1965 y 1988).

Monsieur Burdeos-París y el hombre de los siete

Una carrera tan rara tuvo especialistas igual de raros. El francés Bernard Gauthier la ganó cuatro veces (1951, 1954, 1956 y 1957) y se quedó para siempre con el apodo de «Monsieur Bordeaux-Paris». El neerlandés Wim van Est, el mismo que se cayó a un barranco con el maillot amarillo en el Tour de 1951, sumó tres: 1950, 1952 y 1961. Y también pasaron por ella figuras como Louison Bobet, que ganó en 1959 con más de siete minutos de ventaja, o Tom Simpson, que en 1963 relanzó su carrera con una victoria aplastante.

Pero el rey absoluto fue el belga Herman Van Springel, aquel que perdió el Tour de 1968 en la contrarreloj del último día por 38 segundos ante Jan Janssen. En la Burdeos-París no perdía casi nunca: la corrió diez veces, subió al podio las diez y ganó siete (1970, 1974, 1975, 1977, 1978, 1980 y 1981). La última, con 37 años. Si alguna vez te preguntas qué tipo de corredor triunfaba allí, piensa en él: motor diésel, cabeza fría y una paciencia infinita.

Diez participaciones, diez podios y siete victorias: Herman Van Springel convirtió la carrera más extraña del calendario en su jardín.

Mayo de 1965: el doblete que nadie había pedido

Anquetil ya tenía cinco Tours y dos Giros cuando Géminiani le propuso el reto. La idea tenía mucho de orgullo: en Francia se discutía sin parar quién era más grande, si él o Raymond Poulidor, el favorito del público. Hacer lo que nadie había hecho, ganar el Dauphiné y, sin dormir, la Burdeos-París, zanjaría la cuestión.

La primera parte salió bien. Anquetil ganó el Dauphiné el 29 de mayo en Aviñón, con 1 minuto y 43 segundos sobre, precisamente, Poulidor. Tras el podio y las entrevistas, voló en un avión privado desde Nîmes hasta Burdeos. Durante años corrió el rumor de que el aparato lo había puesto el Estado por orden del presidente Charles de Gaulle; Géminiani nunca lo confirmó ni lo desmintió. Hacia medianoche, Anquetil cenó, se cambió y a la una y media de la madrugada del domingo 30 tomó la salida junto a sus compañeros del Ford France, Jean Stablinski y Vin Denson, que llegaban descansados.

ANQUETIL, 29-30 DE MAYO DE 196515:00Gana elDauphiné17:00Deja elpodio18:30AviónNîmes-Burdeos00:00Cena01:30Salida557 km≈16:30Gana en elParque de los Príncipes15 h 03 min 03 sSábado 29 → domingo 30 de mayo. Unas 25 horas entre el triunfo en Aviñón y la meta en París.Fuentes: Wikipedia (Raphaël Géminiani), Veloptimum, CyclingRanking.

La noche en que Anquetil quiso bajarse

La madrugada fue un calvario. Empezó a llover a los pocos kilómetros y Anquetil, que nunca soportó el mal tiempo, sufrió calambres de estómago. Hubo un momento, en plena noche, en que dijo basta. Lo que pasó entonces depende de quién lo cuente. Según una versión recogida años después, Géminiani se le acercó y le pidió que le estrechara la mano, porque sería la última vez: no soportaba a los perdedores. Otras crónicas hablan directamente de un insulto mucho más grueso, elegido para herir su orgullo. Sea como fuere, funcionó.

Con la luz del día Anquetil revivió. Detrás de los dernys, la carrera se convirtió en un duelo con Tom Simpson, que atacó una y otra vez, mientras Stablinski hacía de compañero perfecto. Anquetil se marchó en los kilómetros finales y entró solo en el Parque de los Príncipes tras 15 horas, 3 minutos y 3 segundos de carrera, a unos 37 km/h de media. Stablinski llegó a 57 segundos y Simpson, a 59. Habían pasado unas 25 horas desde el podio de Aviñón. Aquel día, el corredor frío y calculador demostró que también sabía sufrir.

1988: la última noche en la carretera

El brillo de 1965 no salvó a la carrera. Los grandes nombres dejaron de inscribirse, porque la prueba exigía una preparación muy específica, y la Burdeos-París se fue quedando para especialistas y valientes. En 1985 se corrió por última vez con dernys; las tres ediciones siguientes, sin entrenadores. La última profesional se disputó el 21 de mayo de 1988, sobre 608 kilómetros, y la ganó el francés Jean-François Rault. Después, silencio.

O casi. La ruta siguió viva como reto para cicloturistas, con marchas organizadas por clubes durante décadas, y en 2014 la Burdeos-París regresó como prueba para aficionados. Ya no hay dernys ni Géminianis gritando en la noche, pero sí cientos de ciclistas que salen con luces y bocadillos sabiendo que verán amanecer sobre la bicicleta, como Mills en 1891.

Para el coleccionista, la Burdeos-París es territorio de caza difícil: dorsales, programas y fotografías de una carrera que solo reunía a unas decenas de corredores al año, y casi nunca a los mismos. Si te gustan estas piezas de carreras desaparecidas, date una vuelta por nuestra colección: ahí guardamos los objetos que cuentan historias que ya no salen por televisión.

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Fuente: Wikipedia en inglés («Bordeaux–Paris», «Le Véloce-sport», «George Pilkington Mills», «Derny», «Herman Vanspringel», «Bernard Gauthier», «Raphaël Géminiani», «1965 Critérium du Dauphiné Libéré») y en francés («Bordeaux-Paris»); CyclingRanking (resultados de 1959, 1965 y 1988); Cycling Legends, «The Impossible Double»; The Bike Comes First, sobre el doblete de Anquetil; Veloptimum, «1965: le doublé Dauphiné Libéré»; Prendas Ciclismo, «Forgotten Races: Bordeaux-Paris». Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.


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