En 1896, Teddy Hale terminó la carrera de Seis Días del Madison Square Garden con 1.910 millas en las piernas (unos 3.070 kilómetros) y una pinta que asustaba. Un testigo lo describió así: «Parecía un fantasma. Tenía la cara blanca como la de un cadáver y miraba al frente sin ver». Se llevó 5.000 dólares y una fama que duró lo que tarda en olvidarse una semana sin dormir. Así eran los Seis Días en sus orígenes: una carrera en la que ganaba quien más vueltas daba, de lunes a sábado, a cualquier hora del día y de la noche. De aquella locura nació una de las pruebas más bonitas del ciclismo en pista y un templo de madera en Gante que todavía hoy se llena cada noviembre.
Una apuesta en Islington y un domingo de descanso
La historia empieza en Londres, en 1878, y empieza como empiezan muchas historias británicas: con una apuesta. Un profesional llamado David Stanton se jugó que era capaz de recorrer 1.000 millas (1.609 km) en seis días en el Agricultural Hall de Islington. Lo hizo en 73 horas, a una media de 13,5 millas por hora, con un velocípedo de rueda alta que no perdonaba ni un despiste.
¿Por qué seis días y no siete? Porque el domingo no se corría. La Inglaterra victoriana podía tolerar que un hombre diera vueltas a un pabellón hasta caerse, pero no en el día del Señor. Ese mismo año se organizó una competición con varios corredores en la misma sala y la ganó Bill Cann, de Sheffield, que lideró de principio a fin y sumó 1.060 millas. El formato había nacido, y con él una pregunta que perseguiría a la disciplina durante veinte años: ¿cuánto puede aguantar un ser humano encima de una bicicleta?
Nueva York, donde dormir era perder
La respuesta la buscaron en Estados Unidos. En 1891 el Madison Square Garden acogió sus primeros Seis Días y el invento se convirtió en un negocio. Las primeras ediciones eran individuales: cada corredor pedaleaba cuanto le permitían el cuerpo y la cabeza, y el resto del tiempo dormía lo mínimo en una caseta junto a la pista. Como el ganador era quien sumaba más distancia, cada hora en la cama era una hora regalada a los rivales.
El rey de esa época fue Charlie Miller, de Chicago, que ganó en el Garden en 1897 y en 1898 a una media de más de 330 millas diarias (más de 530 km al día, durante seis días seguidos). El público acudía en masa a ver a hombres que deliraban, se caían de sueño o pedaleaban con la mirada perdida. No todo el mundo aplaudía: un editorial del New York Times de 1897 lo dejó escrito sin rodeos.
«Esto no es deporte. Es brutalidad».
Editorial de The New York Times, 1897
La ley de las doce horas (o cómo nació la americana)
La presión llegó a los legisladores. En 1899 el estado de Nueva York prohibió que un participante compitiera más de doce horas en cualquier periodo de veinticuatro; la norma recibió la firma del gobernador el 14 de abril. Chicago adoptó una limitación parecida. Sobre el papel, era el fin de los Seis Días. En la práctica, los promotores encontraron la trampa en una tarde: si un corredor no podía rodar más de doce horas, que corrieran dos.
Así nacieron las parejas. Uno de los dos corredores tenía que estar siempre en carrera mientras el otro descansaba, comía o dormía. En diciembre de ese mismo año, Charlie Miller, que ya no podía ganar solo, ganó acompañado de Frank Waller: entre los dos recorrieron 2.733 millas (unos 4.400 km), un récord que aguantó hasta 1908. El relevo entre compañeros, que acabó haciéndose lanzando de la mano al que entra en carrera, se convirtió en la seña de identidad de la disciplina. En inglés se llama madison, por el Garden. En español y en francés la llamamos americana, por el país en el que nació. Los dos nombres cuentan la misma historia.
Humo, orquesta y estrellas de Hollywood
Con las parejas, los Seis Días dejaron de ser un espectáculo de resistencia y se convirtieron en una fiesta. El programa se llenó de esprints intermedios, carreras tras moto y eliminaciones, y la gran persecución de la americana, con sus ataques para sacar vuelta al rival, se volvió el plato fuerte. En 1914 se batió el récord de distancia: 2.759 millas (4.439 km). Al Garden se dejaron caer Charlie Chaplin, Douglas Fairbanks, Bing Crosby, los hermanos Marx, Joe DiMaggio o boxeadores como Jack Dempsey y Jack Johnson. Era el sitio donde había que dejarse ver.
La pista también atraía talento de fuera. El australiano Alf Goullet llegó a Estados Unidos en 1910, con 19 años, y se convirtió en la gran figura de la época. Él mismo lo resumía así: venir a correr desde Australia «era como pasar de jugar en el campo del pueblo a las grandes ligas». Mientras tanto, la fórmula cruzó el Atlántico: tras un primer intento fallido en Toulouse en 1906, Berlín la adoptó con éxito en 1909 y acabaría sumando 109 ediciones hasta 2020, más que ninguna otra ciudad. Después llegaron Bruselas (1912), París (1913) y Londres (1923).
En Estados Unidos, la fiesta se apagó casi tan rápido como se había encendido. El automóvil, la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial vaciaron las gradas: Boston dejó de organizarlos en 1933, Detroit en 1936 y Chicago en 1948. Nueva York, después de varios intentos de resucitarlos, celebró su última edición en 1961. En Europa, los costes de mantener los pabellones abiertos toda la noche también se comieron a muchas citas.
Gante: una catedral de 166 metros
Si los Seis Días tienen hoy una casa, está en el parque de la Ciudadela de Gante. Allí se corrieron por primera vez en 1922, con victoria del belga Marcel Buysse y el suizo Oscar Egg, y allí sigue el Kuipke, un velódromo diminuto: 166,66 metros de pista, curvas de once metros de radio y peraltes de 53 grados. Visto desde la grada parece una cazuela; visto desde el sillín, una montaña rusa. En sus primeras décadas había trapecistas sobre la pista, una orquesta tocando polcas y canciones de taberna y tanto humo de puro que a veces no se veía la curva de enfrente.
El rey indiscutible de ese escenario fue Patrick Sercu. Campeón olímpico del kilómetro en Tokio 1964 y maillot verde del Tour de 1974, ganó 88 Seis Días entre su debut y su retirada en 1983, el récord absoluto de la disciplina. Once de ellos fueron en Gante, cuatro formando pareja con Eddy Merckx, que también se ganó un sitio en la pista: el Caníbal sumó 17 victorias en Seis Días. Cuando colgó la bici, Sercu se convirtió en director de la carrera de Gante. Murió en 2019, a los 74 años. Su compatriota Michel Vaarten llegó a decir que en toda la historia del ciclismo no ha habido mejor pistard que él.
«Yo era la velocidad, él era la fuerza, y éramos amigos».
Patrick Sercu, sobre Eddy Merckx, a la revista Rouleur
La noche más triste y las que siguen
El Kuipke también guarda una herida española. Pasada la medianoche del 25 al 26 de noviembre de 2006, en la quinta jornada de carrera, el español Isaac Gálvez, vigente campeón del mundo de americana, se enganchó con el belga Dimitri De Fauw y chocó contra la barandilla de la pista. Tenía 31 años. Lo reanimaron en el velódromo, pero murió camino del hospital. La organización suspendió la carrera de inmediato y esa edición quedó sin ganadores. En Gante se le sigue recordando.
Hoy los Seis Días son una especie protegida. En 2024 solo Róterdam y Gante mantenían su cita anual completa, y varias carreras históricas se han recortado a tres o cuatro jornadas o han desaparecido. Ya no se corre día y noche: las sesiones van de la tarde a la madrugada, con americanas, carreras tras derny, eliminaciones y esprints. Pero la de Gante sigue llenándose. En noviembre de 2025 la ganaron los belgas Fabio Van den Bossche y Lindsay De Vylder, que llegaban con el maillot arcoíris de campeones del mundo de americana, en la misma edición en la que Elia Viviani se despedía del ciclismo. Más de un siglo después de aquella ley neoyorquina, dos corredores siguen lanzándose de la mano para dar vueltas a una pista de madera. Y la gente sigue sin querer irse a dormir.
Para el coleccionista, los Seis Días han dejado un rastro precioso y fácil de pasar por alto: programas de mano, carteles de Gante y Berlín, dorsales de pista y bidones de equipos que corrían en invierno con los colores de sus patrocinadores. Son piezas pequeñas que cuentan noches muy largas. Si te apetece ver algunas, date una vuelta por nuestra colección.
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Fuente: Wikipedia («Six-day racing», «Six Days of New York», «Six Days of Ghent», «Teddy Hale», «Patrick Sercu»); Encyclopaedia Britannica («Six-day race»); Velo («Six-Day Racing in America»); The Bicycle Story; Rouleur («Patrick Sercu: The Phenomenon»); Sporza (sobre Sercu en 2022 y la edición de Gante de 2025); Cycling Weekly (sobre Isaac Gálvez, 2006). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.