No hay rivales, ni puertos, ni viento de costado. Solo un velódromo, una bicicleta y un reloj que corre durante sesenta minutos. El récord de la hora es la prueba más sencilla del ciclismo y, según casi todos los que la han sufrido, la más cruel. La inauguró en 1893 un periodista parisino llamado Henri Desgrange, el mismo que diez años después se inventaría el Tour de Francia. Desde entonces, Coppi, Anquetil, Merckx, Induráin o Wiggins han dado vueltas a un óvalo con la mirada fija en la línea negra. Y por el camino, la hora se convirtió en el campo de batalla favorito entre los ciclistas, los ingenieros y la UCI.
Desgrange y los 35 kilómetros que lo empezaron todo
El 11 de mayo de 1893, en el velódromo Buffalo de París, Desgrange recorrió 35,325 kilómetros en una hora. Es la primera marca que reconocen las listas oficiales y, vista hoy, la superan muchos aficionados bien entrenados. Pero aquel joven que luego sería el temible director del Tour tenía el mérito de haber puesto número a una pregunta muy simple: ¿cuánto puede avanzar un hombre en una hora?
La respuesta cambió deprisa. En 1894 Jules Dubois ya rozaba los 38,2 km, y en 1898 el estadounidense Willie Hamilton superó los 40 en Colorado Springs, a más de 1.800 metros de altitud: alguien había descubierto pronto que el aire fino ayuda. Luego llegó el suizo Oscar Egg, que se pasó años peleando el récord con el francés Marcel Berthet y que en 1914 lo dejó en 44,247 km. Esa marca aguantó casi dos décadas. La batió en 1933 Francis Faure, pero sobre una bicicleta reclinada, con el corredor casi tumbado. La UCI no la reconoció y en 1934 sacó las bicis reclinadas de sus récords. Era la primera vez que el reglamento le enmendaba la plana a la máquina. No sería la última.
El Vigorelli, la catedral de la hora
Durante tres décadas, el récord tuvo una dirección postal: el velódromo Vigorelli de Milán, una pista de madera rapidísima. Allí lo batió Fausto Coppi el 7 de noviembre de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, con unos 45,8 km. Allí lo mejoró Jacques Anquetil en 1956, y ese mismo año Ercole Baldini, y luego dos veces Roger Rivière, que en 1959 lo dejó en 47,347 km.
Anquetil volvió en 1967 y recorrió 47,493 km, pero se negó a pasar el control antidopaje y la marca nunca se homologó. Ese mismo año el belga Ferdinand Bracke lo llevó a 48,093 en Roma, y en 1968 el danés Ole Ritter se fue a Ciudad de México, sede de los Juegos Olímpicos, a aprovechar los 2.300 metros de altitud: 48,653 km. El listón estaba muy alto. Hacía falta un caníbal para saltarlo.
Merckx en México: «dolor, dolor y dolor»
El 25 de octubre de 1972, Eddy Merckx salió a primera hora de la mañana en el velódromo olímpico Agustín Melgar de Ciudad de México. Venía de ganar ese año el Tour, el Giro, la Milán-San Remo y la Lieja, y aun así llegaba nervioso. Su bici era una Colnago naranja, sin marcas a la vista, con un desarrollo de 52×14. La estrategia era la suya de siempre: salir a tumba abierta. Pasó los primeros 5 km catorce segundos por delante del ritmo de Ritter y los 10 km cinco segundos por debajo del récord del danés en esa distancia. Después, solo tuvo que sobrevivir.
Al cumplirse la hora había recorrido 49,431 km, 778 metros más que Ritter. Bajó de la bici destrozado. Años después, en una entrevista con Remezcla, lo resumió en tres palabras: «Fue dolor, dolor y dolor». Y al terminar avisó de que no pensaba repetir.
«Durante esta hora, la más larga de mi carrera, no conocí ni un momento de debilidad, pero el esfuerzo nunca fue fácil. No volveré a intentarlo».
Eddy Merckx, tras su récord en Ciudad de México, 1972
La guerra de las máquinas
La marca de Merckx resistió once años y medio, hasta que Francesco Moser se presentó en México en enero de 1984 con un arsenal nuevo: ruedas lenticulares, cuadro de perfil bajo y preparación científica. Llegó a 51,151 km. A partir de ahí, la hora dejó de ser solo una cuestión de piernas.
En julio de 1993 apareció el escocés Graeme Obree con una bici fabricada por él mismo, a la que llamaba «Old Faithful», con rodamientos sacados de una lavadora y una postura imposible, con el pecho pegado al manillar. En Hamar (Noruega) falló el primer día por casi un kilómetro; como tenía la pista reservada 24 horas, volvió a la mañana siguiente y marcó 51,596. Seis días después, Chris Boardman se lo arrebató en Burdeos. Obree lo recuperó en abril de 1994, y la UCI prohibió su postura.
Aquel otoño de 1994 fue de locos. En septiembre, Miguel Induráin, con su Pinarello Espada hecha a medida, firmó 53,040 km en Burdeos, con una potencia que se ha estimado en torno a los 510 vatios. Su reinado duró siete semanas: el suizo Tony Rominger lo superó dos veces y en noviembre lo dejó en 55,291. Y en 1996, en Manchester, Boardman adoptó la postura «Superman», con los brazos estirados hacia delante, y alcanzó 56,375 km. La UCI también acabó prohibiendo esa posición.
Dos récords para una misma hora
A la UCI le preocupaba que el récord midiera más el túnel de viento que al ciclista. En septiembre de 2000 cortó por lo sano: el récord oficial solo valdría con una bicicleta parecida a la de Merckx, sin manillar de triatlón, sin ruedas lenticulares ni casco aerodinámico. Todo lo logrado desde 1972 con máquinas especiales pasó a una categoría aparte, la «mejor marca humana». De un plumazo, el récord volvía a ser de Merckx, 28 años después.
Boardman aceptó el reto. El 27 de octubre de 2000, en Manchester, con una bici tradicional, recorrió 49,441 km: unos diez metros más que el Caníbal. En 2005, el checo Ondřej Sosenka subió la marca a 49,700 km en Moscú, un récord que quedó en entredicho cuando se le detectaron positivos en 2001 y 2008. El segundo acabó con su carrera.
2014: la hora vuelve a estar de moda
Con una bici casi de museo, el récord había dejado de interesar a los grandes. En mayo de 2014, la UCI dio marcha atrás: a partir de entonces valdría cualquier bicicleta autorizada para la persecución en pista, y las marcas de Obree y Boardman recuperaron su sitio en la historia. El efecto fue inmediato. El 18 de septiembre de 2014, Jens Voigt, a punto de retirarse, recorrió 51,110 km en Grenchen (Suiza). En nueve meses cayó cuatro veces más, hasta que Bradley Wiggins, en junio de 2015 y en Londres, lo dejó en 54,526 km.
Victor Campenaerts lo llevó a 55,089 km en 2019, en la altitud de Aguascalientes (México). En agosto de 2022, el británico Dan Bigham llegó a 55,548 en Grenchen. Y el 8 de octubre de 2022, en la misma pista, Filippo Ganna recorrió 56,792 km y superó por fin la vieja marca de Boardman. Es el récord vigente: el británico Charlie Tanfield lo intentó en agosto de 2025 y se quedó en 53,976. En mujeres, la italiana Vittoria Bussi tiene el récord desde 2023 y lo mejoró en mayo de 2025, también en Aguascalientes, con 50,455 km. De los 35 kilómetros de Desgrange a los casi 57 de Ganna hay 130 años, y la misma pregunta de siempre.
Para el coleccionista, la hora tiene un encanto especial: cada intento deja maillots, dorsales y bidones con fecha y lugar exactos, y las piezas de la época de Merckx o de la guerra de los noventa son muy buscadas. Si quieres ver cómo cuentan la historia estos objetos, echa un vistazo a nuestra colección.
En la colección
Ver la colección →Una pieza del álbum relacionada con esta historia.
Sigue leyendo:
→ El primer Tour de Francia (1903) y el periódico L’Auto
→ Eddy Merckx, «el Caníbal»: el ciclista más dominante de la historia
→ Induráin: los cinco Tours del ciclista que nunca perdía la calma
→ El Galibier y el recuerdo de Henri Desgrange, el padre del Tour
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Fuente: UCI (nota de prensa sobre el récord de Filippo Ganna, 2022); Wikipedia («Hour record», «Record de l’heure cycliste», «Récord de la hora», «Graeme Obree»); bikeraceinfo.com («Merckx Hour Record» y tabla histórica del récord de la hora); Remezcla (entrevista a Eddy Merckx); Global Cycling Network (sobre la Pinarello Espada de Induráin); road.cc (intento de Charlie Tanfield, 2025); tuttoBiciweb y L’Avenir (récord de Vittoria Bussi, 2025). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.
