Llovía, nevaba a ratos y el reloj marcaba que faltaban 12 kilómetros cuando Marino Lejarreta se puso de pie sobre los pedales. Era el 2 de mayo de 1983, la Vuelta a España estrenaba un final en alto en los Picos de Europa y, por primera vez, Televisión Española emitía en directo todas las llegadas de la carrera. Media España vio cómo el vasco dejaba atrás a Bernard Hinault en una carretera que nadie conocía y que todos acabarían temiendo: la subida a los Lagos de Covadonga. Aquel día la Vuelta encontró su primera gran montaña propia, y con ella, un carácter.
2 de mayo de 1983: nieve, televisión y el junco de Bérriz
La 13.ª etapa salía de Aguilar de Campoo, en Palencia, y recorría 188 kilómetros por el alto del Pantano y el puerto del Pontón antes de encarar la novedad del año. En los papeles ni siquiera se llamaba Lagos de Covadonga: la meta figuraba como «Lagos de Enol», nombre que se mantuvo en las dos primeras visitas. La ciudad de salida tenía su guiño, porque el líder de la carrera, Alberto Fernández, era de Aguilar de Campoo y vestía el maillot de líder, que entonces era amarillo.
De la escapada del día solo quedaba Carlos Machín cuando Lejarreta, apodado «el junco de Bérriz», atacó casi desde el pie de la subida. Lo alcanzó en las rampas más duras y siguió solo entre la niebla. Hinault, el gran favorito, persiguió sin encontrar ayuda y cruzó la meta algo más de un minuto después. Fernández limitó daños y conservó el amarillo. Lejarreta, que había heredado la Vuelta de 1982 tras el positivo de Ángel Arroyo, se convertía en el primer nombre del palmarés de los Lagos.
Un parque nacional, dos lagos y una carretera sin piedad
La subida arranca junto al santuario de Covadonga, a un paso de la Santa Cueva, y trepa unos 12,6 kilómetros hasta los lagos Enol y Ercina, a unos 1.100 metros de altitud. La media ronda el 7,3 %, pero ese número engaña: el puerto alterna tramos tendidos con muros que rompen el ritmo. El primero llega en el Mirador de los Canónigos; el más temido es La Huesera, unos 800 metros en torno al 15 % a siete kilómetros de la cima. Después viene el Mirador de la Reina y, en los últimos kilómetros, un falso llano con algún descenso que invita a soltar y castiga al que se ha vaciado antes.
El escenario tiene historia propia. En 1918, a instancias de Pedro Pidal, la Montaña de Covadonga se convirtió en el primer parque nacional de España, núcleo del actual Parque Nacional de los Picos de Europa. Esa protección explica que en varias ediciones se haya limitado el acceso de coches a la parte alta, y también que la llegada tenga algo de anfiteatro natural: vacas, praderas, lagos de origen glaciar y, con demasiada frecuencia, una niebla atlántica de las que se cortan con cuchillo.
Hinault y «la victoria más difícil»
El estreno de los Lagos se entiende mejor dentro de aquella Vuelta de 1983, una de las más disputadas de la historia. Hinault había llegado como el gran favorito, pero el maillot fue pasando de mano en mano: Lejarreta, Julián Gorospe, Alberto Fernández, Álvaro Pino y otra vez Gorospe. El francés ya había perdido 2:13 con Lejarreta en la cronoescalada de Panticosa, y en Covadonga volvió a ceder. Tuvo que esperar a la 17.ª etapa, entre Salamanca y Ávila, para dar el golpe: atacó en el puerto de Serranillos, Gorospe se hundió y el Tejón se vistió de amarillo hasta Madrid.
Ganó la Vuelta por 1:12 sobre Lejarreta, que además se llevó la clasificación por puntos y tres etapas. Lo pagó caro: una tendinitis en la rodilla lo llevó al quirófano y le hizo perderse el Tour de ese verano.
«La victoria más difícil de conseguir».
Bernard Hinault, sobre la Vuelta de 1983, la más dura de sus diez grandes vueltas (según recoge la web oficial de La Vuelta)
Los dueños de los Lagos
Desde 1983, los Lagos se han convertido en el final en alto más visitado de la Vuelta: 23 llegadas en la carrera masculina hasta 2024. Hasta que llegó el Angliru, era la etapa reina por definición, y su palmarés es un repaso a la historia de la carrera. Los escaladores colombianos encontraron aquí su casa: Lucho Herrera ganó en 1987, con 1:26 sobre Vicente Belda, y en 1991; Oliverio Rincón lo hizo en 1993, y Nairo Quintana en 2016. Pedro Delgado firmó dos victorias (1985 y 1992) y Laurent Jalabert también repitió, en 1994 y 1996.
Hay una curiosidad que los aficionados repiten cada vez que la Vuelta vuelve a Asturias: ganar en los Lagos ha sido muchas veces el anuncio del campeón. Herrera en 1987, Quintana en 2016 y Primož Roglič en 2021 vencieron en la cima y acabaron ganando la general. Lo que nadie ha conseguido es ganar arriba llevando ya el maillot de líder y conservarlo hasta el final. Y, aunque la subida es asturiana de los pies a la cabeza, solo un asturiano ha ganado en ella: Carlos Barredo, en 2010.
El último día de Induráin
Los Lagos también guardan una despedida. En septiembre de 1996, Miguel Induráin corría la Vuelta después de un Tour en el que, por primera vez en seis años, no había ganado. La 13.ª etapa iba de Oviedo a los Lagos y el navarro, tercero en la general y con bronquitis, se quedó en el Mirador del Fito. Siguió rodando hasta el hotel de su equipo, El Capitán, cerca de Cangas de Onís, y allí se bajó de la bici a unos 26 kilómetros de la subida final. Ese mismo día Jalabert firmaba su segunda victoria en la cima. Nadie volvió a ver a Induráin en una carrera: anunció su retirada en enero de 1997. El hombre de los cinco Tours nunca ganó en los Lagos.
De Roglič a Vollering: la montaña sigue mandando
El monte no ha perdido peso con los años. En 2021, Roglič respondió en la subida final a un ataque de Egan Bernal, lo dejó atrás, ganó en solitario y se vistió de rojo camino de su tercera Vuelta seguida. En 2023 la Vuelta Femenina estrenó su propio capítulo con final en los Lagos, y Demi Vollering ganó en la cima la etapa que cerraba la carrera. En 2024 fue Marc Soler quien levantó los brazos tras una escapada. Cuarenta y un años después del estreno, el guion apenas ha cambiado: niebla, rampas que no avisan y una carretera estrecha donde la Vuelta decide quién manda.
Para el coleccionista, los Lagos son un filón: dorsales, gorras y bidones de los equipos que pelearon allí, de las Zor y Teka de los ochenta a la ONCE y la Kelme de los noventa, cuentan la historia de la Vuelta moderna mejor que cualquier libro. Si quieres ver algunas de esas piezas, date una vuelta por nuestra colección.
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Fuente: Wikipedia («Vuelta a España 1983», «Lakes of Covadonga», «Marino Lejarreta»); lavuelta.es («The Gredos Mountain Range: the origin of Bernard Hinault’s extraordinary 1983 Vuelta», 2019) y lavueltafemenina.es (2023); Cyclingnews («Covadonga: The Vuelta’s Lucky Lakes?»); Ciclismo en Asturias («Lagos de Covadonga, 40 años de historia»); Jot Down Sport (2023); Wilier Journal; Cycling Revealed (Vueltas de 1983 y 1996). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.

