Vuelta de 1985: la emboscada a Robert Millar

A Robert Millar le quedaban dos días para ganar la Vuelta a España de 1985 y solo tenía que defender diez segundos. El escocés de Peugeot, el mejor escalador británico de su generación, llevaba el maillot de líder desde los Pirineos y había sobrevivido a la contrarreloj de Alcalá de Henares. Delante quedaba una etapa de sierra y un paseo final hasta Salamanca. El 11 de mayo, sin embargo, Pedro Delgado bajó Navacerrada como quien baja las escaleras de su casa, Millar se quedó solo en un grupo en el que nadie quería tirar, y cuando alguien por fin le contó lo que pasaba ya era tarde. Los británicos la bautizaron como «la Vuelta robada». En España fue, simplemente, la primera gran hazaña de Perico.

Diez segundos y un maillot que pesaba

La 40.ª Vuelta salió de Valladolid el 23 de abril con un prólogo y 19 etapas, 3.474 kilómetros en total. Tuvo de todo: un Miguel Induráin de 20 años vestido de líder durante cuatro días, un Delgado que ganó en los Lagos de Covadonga, y un colombiano, Francisco «Pacho» Rodríguez, que acabaría siendo el primer ciclista de su país en subir al podio de una gran vuelta.

Millar se puso el maillot en la etapa 10, entre Sabiñánigo y Tremp, al colarse en una fuga de ocho corredores que dejó atrás, entre otros, a Delgado y a Pello Ruiz Cabestany. A partir de ahí lo defendió en Andorra, en las llegadas en llano y en la contrarreloj de 43 kilómetros de Alcalá de Henares, la etapa 17, donde pinchó, cambió de bici y aun así fue tercero. Al acabar aquel día la general estaba así: Millar primero, Rodríguez a 10 segundos, Ruiz Cabestany a 1:15 y Delgado, sexto, a 6:13. Seis minutos. En una carrera a la que le quedaban dos etapas, eso parecía un muro.

Un pinchazo al pie de Cotos

La etapa 18, la penúltima, iba de Alcalá de Henares a las Destilerías DYC de Palazuelos de Eresma, a un paso de Segovia: 200 kilómetros con la sierra de Guadarrama en medio, Morcuera y Cotos encadenados y luego un largo descenso hacia tierras segovianas. Era la última oportunidad para los escaladores. Y Delgado, segoviano, corría en casa.

Perico, que corría para Orbea, atacó varias veces en Cotos, y el Peugeot de Millar fue cerrando los huecos. Pero el líder pinchó al pie de ese puerto y tuvo que perseguir para volver al grupo. Lo consiguió con ayuda de sus compañeros, que se quedaron vacíos en el esfuerzo. A partir de ahí, Millar se encontró solo en un grupo de favoritos donde todo el mundo tenía una razón para no mover un dedo.

Por delante se había marchado José Recio, del Kelme. Y en la bajada de Navacerrada, con mal tiempo, Delgado se fue a por él.

Perico baja Navacerrada como si fuera su casa

Delgado alcanzó a Recio y le propuso un trato que el propio Perico ha contado después: él sabía que solo no iría a ningún sitio, así que le ofreció a Recio la victoria de etapa a cambio de colaborar a muerte hasta la meta. Recio aceptó. Dos corredores de equipos distintos, relevándose como si compartieran maillot durante más de 40 kilómetros de carretera hacia Segovia.

Detrás, el grupo de Millar no se organizaba. Ruiz Cabestany, compañero de Delgado y cuarto en la general, no tenía ningún interés en perseguir a su jefe de filas. Pacho Rodríguez, segundo a diez segundos, se pegó a la rueda del líder y tampoco relevó: su equipo, el Zor, no lo ayudó a cazar. Y Millar, sin compañeros, no sabía ni a cuánto iban los de delante.

En 1985 no había pinganillos. La información en carrera llegaba por la pizarra de la moto, por el coche del director o por los gritos de la cuneta. Según el relato reconstruido por TNT Sports, cuando el director de Peugeot, Roland Berland, se acercó por fin a decirle a Millar que Delgado y Recio le sacaban cinco minutos, quedaban unos 40 kilómetros. Demasiado tarde para un hombre solo.

ETAPA 18 · 11 DE MAYO DE 1985 · 200 KMAlcaláMorcueraPinchazode MillarCotos / NavacerradaDelgado atacaen la bajaday se une a RecioDYC (Segovia)Perfil esquemático, no a escala.

Seis minutos y cuarenta y nueve segundos

Recio ganó la etapa. Delgado entró a un segundo, como habían pactado. El grupo de Sean Kelly llegó a unos tres minutos y medio, y el de Millar, a 6:50 del ganador. Las cuentas son crueles: Delgado empezó el día a 6:13 del líder y le metió 6:49, así que pasó a mandar en la general con 36 segundos sobre el escocés y 46 sobre Pacho Rodríguez.

Al día siguiente, la etapa llana a Salamanca la ganó un amateur soviético, Vladimir Malajov, y no se movió nada más. Delgado ganaba su primera gran vuelta con 25 años. Millar, que el verano anterior había sido rey de la montaña del Tour, se quedaba segundo por medio minuto.

«Esta Vuelta no la he ganado yo: la ha perdido el Peugeot».

Pedro Delgado, tras la etapa, según la versión recogida por TNT Sports

¿Emboscada o carrera? Las dos versiones

En Gran Bretaña, la prensa no dudó: los equipos españoles se habían puesto de acuerdo para que la Vuelta no se la llevara un extranjero. Millar llegó a calificar aquella unidad de «tan descarada, tan escandalosa». Se habló incluso de compañeros suyos retenidos en un paso a nivel sin tren a la vista, una historia que nunca se ha podido confirmar. Y circuló durante años que Millar había jurado no volver a correr en España, algo que la propia Philippa York (nombre con el que firma hoy quien corrió como Robert Millar) desmiente: ese mismo año corrió en San Sebastián y ganó la Volta a Catalunya.

La versión española tiene sus argumentos. Recio y Delgado eran de equipos distintos y pactar un relevo a cambio de la etapa es tan viejo como el ciclismo. Ruiz Cabestany no tenía por qué perseguir a su propio líder. Y Rodríguez defendía su segundo puesto, no el maillot de otro. Delgado lo resumió en que, más que ganarla él, la había perdido Peugeot.

Curiosamente, el propio Millar acabó apuntando hacia dentro. En el libro The High Life, culpa a su director, Roland Berland, de no haberle avisado a tiempo; su compañero Allan Peiper fue igual de duro con él. Berland, por su parte, habló de que Peugeot había sido «traicionado» por quienes «deberían haberle ayudado», sin dar nombres. Lo más probable es que todo sea a la vez verdad: un líder aislado, un director sin reflejos y un pelotón al que, ese día, le convenía que el escocés perdiera.

El segundo eterno

Millar dejó Peugeot ese invierno y se fue al Panasonic. En 1986 volvió a la Vuelta, ganó en los Lagos de Covadonga, se puso líder… y la perdió por poco más de un minuto ante Álvaro Pino, de nuevo con la sensación de correr contra varios equipos a la vez. En 1987 fue segundo en el Giro, detrás de Stephen Roche. Tres podios de gran vuelta sin un solo triunfo final.

Delgado, en cambio, había encontrado su estilo: el ataque lejano, el descenso temerario, la carrera leída como una partida de cartas. Tres años después ganaría el Tour de 1988 y en 1989 repetiría en la Vuelta. Pero para muchos aficionados españoles, aquel día entre Cotos y Segovia fue el primero en que Perico demostró que una carrera no está ganada hasta que se cruza la última meta.

Para el coleccionista, la Vuelta del 85 deja piezas con mucha historia: los bidones y gorras de Orbea, Kelme, Zor o Peugeot de mediados de los ochenta son de los más buscados de la época. Si te apetece ver cómo eran, date una vuelta por nuestra colección; algunas de esas marcas rodaron aquel 11 de mayo por Navacerrada.

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Fuente: Wikipedia («1985 Vuelta a España» y sus páginas de etapas); Cycling Revealed («1985 Vuelta a España»); TNT Sports/Eurosport («Vuelta a España Re-Cycle: how Robert Millar lost the stolen Vuelta», 2021); pedrodelgado.com (relato de Pedro Delgado sobre la Vuelta de 1985); Revista Mundo Ciclístico (2020, sobre Pacho Rodríguez). Ilustraciones originales de El álbum del pelotón.


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